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EL AZÚCAR DE LA LECHE

¿Es más sana la leche sin lactosa?

Entre un 20 y un 40% de españoles tienen algún grado de intolerancia a la lactosa

Vega S. Sánchez

¿Es más sana la leche sin lactosa?

"La leche me sienta mal". No es extraño oír esta afirmación, tanto en conversaciones normales como en anuncios. La gente que asevera esto considera que es alérgico o intolerante a la lactosa pero, ¿lo es realmente?

La lactosa es un azúcar formado por dos partes (glucosa y galactosa) que constituye el principal carbohidrato que contiene la leche, siendo un 5% de su composición total. Y la intolerancia a este azúcar es la incapacidad de digerir, sin molestias, cantidades normales de lactosa. Esta intolerancia viene dada por la cantidad de lactasa -una enzima producida por el organismo humano- que tiene una persona y que hace digestible este azúcar de la leche.

¿INTOLERANCIA O ALERGIA?

Una persona con intolerancia a la lactosa reacciona ante el azúcar presente en la leche (lactosa), pero en menor medida en la leche ya fermentada (queso o yogur). Los síntomas solo afectan al aparato digestivo.

Sin embargo, los alérgicos reaccionan contra la proteína de la leche, por lo que no tolerarán ningún producto lácteo. Los síntomas afectan al aparato digestivo (náuseas, diarrea y cólico, igual que en la intolerancia), piel (eczemas, hinchazón, urticaria) y aparato respiratorio (asma, disfunción respiratoria), lo que puede derivar en una anafilaxis (reacción alérgica repentina y potencialmente grave).

LA LACTASA ES LA CLAVE

Hay personas que no producen suficiente lactasa, o carecen de ella. Lo que suele ocurrir entonces es que la lactosa solo es digerida (y por lo tanto asimilada) en parte, no en su totalidad, lo que ocasiona distintas molestias.

Es decir, que la lactosa no asimilada en el intestino delgado (donde se absorben la mayoría de los nutrientes) llega al colon y fermenta gracias a las bacterias intestinales, produciendo flatulenciahinchazón, cólicos y en individuos con muy baja tolerancia o después de ingerir grandes cantidades de lactosa puede llegar a provocarles incluso diarrea.

Esta es la razón de que alrededor del mundo muchos consumidores no toleren bien la leche: que poseen un déficit de lactasa. Los porcentajes estimados de población afectada por la intolerancia a la lactosa en España es de un 20-40%, según datos de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), que agrupa a 80 empresas y representa el 95% de la producción nacional de leche.

¿DE QUÉ DEPENDE PRODUCIR LACTASA?

La habilidad para digerir la leche no es universal; de hecho, más de tres cuartas partes de los adultos del planeta no producen la enzima lactasa que permite asimilar el principal azúcar lácteo.

Por ejemplo, se calcula que más del 90% de la población asiática no tolera la lactosa, como tampoco lo hace el 75% de los afroamericanos; una situación también habitual en países tropicales y subtropicales. ¿A qué es debido esto? Se cree que al sol, principal fuente natural de vitamina D, necesaria para absorber calcio. Los países nórdicos, al no tener tantas horas de sol, tienen que compensar esa carencia con otra fuente de calcio, como los lácteos. Y es por ello por lo que la tolerancia a la lactosa en esos países es mucho mayor.

Sin embargo, también tiene un componente genético, puesto que, cuando la leche fue introducida en la dieta humana -en la etapa neolítica, cuando pasamos de nómadas a sedentarios- y el hombre empezó a consumir leche también de adulto, la mutación en el gen que codifica la lactasa se hizo más adaptable, así que con el tiempo empezó a haber más gente que podía consumir leche toda su vida.

REPRODUCCIÓN DEL SISTEMA DIGESTIVO HUMANO

A diferencia de lo que la gente cree, los fabricantes de leche no separan la lactosa de la leche para eliminarla, sino que aprovechan la enseñanza biológica del cuerpo humano y añaden lactasa a la leche para ‘deslactosizarla’, y que se descomponga en las moléculas que forman la leche. Es decir, los fabricantes de leche reproducen lo que pasa en el sistema digestivo humano -y, en concreto, en el intestino- para evitar los problemas que tienen algunas personas para digerir la lactosa.

De esta forma, el porcentaje de lactosa se reduce y cambia según la marca de leche. Por último, hay que destacar que hay productos bajos en lactosa que no son enteramente sin lactosa. Y que los yogures y quesos -sobre todo, los más curados- tienen menos concentración de lactosa que una leche convencional.

Por lo tanto, y a pesar de que la leche sin lactosa es un producto destinado exclusivamente a intolerantes a la lactosa, en muchos casos se publicita para el público general, dando a entender que estos productos son beneficiosos para todos cuando no es del todo cierto: una persona que no tiene ningún tipo de intolerancia a la lactosa no va a obtener ningún beneficio consumiendo productos aptos para intolerantes.

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