La construcción europea

El primer asalto

Para populares y socialistas estas europeas son un primer 'test' cara a las municipales y a las generales del 2016

Los partidos soberanistas esperan que un buen resultado avale su estrategia

Precampaña 8La cabeza de lista del PSOE en las europeas, Elena Valenciano (con camisa roja y blanca), posa con activistas de su campaña.

Precampaña 8La cabeza de lista del PSOE en las europeas, Elena Valenciano (con camisa roja y blanca), posa con activistas de su campaña. / EFE

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NEUS TOMÀS

En junio del 2009, tras la victoria del PP en las elecciones europeas, Mariano Rajoy se vanaglorió de la capacidad de diálogo de su partido al afirmar que la «etapa de demonización» de los populares se había acabado y que podían «pactar con casi todo el mundo». Un lustro después, ya como presidente del Gobierno, seguramente no lo tendría fácil para probar esta disposición al acuerdo. La reforma de la ley del aborto, la de seguridad ciudadana o su inmovilismo ante el órdago soberanista lanzado por Artur Mas (y apoyado por casi dos tercios del Parlament) servirían para cuestionar ese espíritu pactista.

Así que, sin apoyos para impulsar sus principales proyectos legislativos, pero con la baza de haber alejado a España del fantasma de un rescate, el PP afronta la cita del 25-M con el reto de mantener un podio que, según la mayoría de los sondeos, corre el riesgo de perder en favor de un PSOE que fía al resultado en estos comicios el fin de su particular pesadilla. La de los socialistas en general y la de su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, en particular.

El PP no quiere que la ley Gallardón o la ley Fernández se cuelen en la refriega electoral. Pero aparecerán porque la candidata socialista, Elena Valenciano, ha dejado claro que  uno de los pilares de su campaña será «la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos y ciudadanas». Su propósito es reconciliar al socialismo con una parte del  electorado de izquierdas -el que se disputa con Izquierda Unida- y frenar la fuga de votos que, como el PP, sufre hacia UPD. Para los dos grandes partidos (al menos de momento en número de escaños en el Congreso aún lo son), estas elecciones son un primer examen para medir sus fuerzas cara a las municipales del 2015 y, un año después, en las generales. En el caso del PSOE, un buen resultado podría condicionar el proceso de primarias para elegir al candidato a las legislativas. Esto es, si Rubalcaba con la baza de una victoria el próximo 25-M  decide dar el paso y aspirar a ser el cabeza de lista en el 2016.

Deseos y realidades

Según los expertos en estrategias electorales, el hecho de que Rajoy todavía no haya anunciado el nombre de su candidato juega a favor de Elena Valenciano, quien ya lleva varias semanas de precampaña. Ayer, por ejemplo, protagonizó un acto en Madrid con casi un centenar de voluntarios y activistas del Partido Socialista Europeo (más información en la página 23).

A la espera de que el líder del PP acabe confirmando que el favorito en las quinielas, el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, es el elegido o que por contra opte por dar una sorpresa a propios y adversarios, en lo que coinciden tanto PP como PSOE es en intentar que el conflicto abierto con Catalunya no monopolice la campaña. Pero no será fácil que logren su objetivo común porque los partidos soberanistas, en especial Convergència, tienen claro que estas europeas no son unas europeas más. Un dirigente convergente lo resume con una frase: «Vamos a por todas».

Tras el fallido intento de configurar una lista soberanista unitaria, los nacionalistas catalanes pretenden exhibir músculo ante una Esquerra que le pisa los talones y con la que se disputa, también en estas elecciones, el primer puesto. Los republicanos, a quienes CDC responsabiliza de la falta de acuerdo para presentarse juntos, insisten en que, ante todo, son unas europeas, las elecciones que cosechan siempre una mayor abstención. Si Convergència gana, el president, Artur Mas, conseguiría de paso calmar a los que, incluso dentro de CiU, consideran que se está dejando llevar por la estrategia diseñada por el líder de Esquerra, Oriol Junqueras, y las prisas de la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

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Las europeas se celebrarán después de que el Congreso haya dado portazo, el próximo 8 de abril, a la petición del Parlament para que se delegue a la Generalitat la competencia para celebrar la consulta. Pero que se haya superado esta etapa -para algunos partidos un mero trámite- sin que nadie se haya movido de sus posiciones no significa que Catalunya desaparezca de la contienda.

Los partidos proconsulta trabajarán (con más o menos entusiasmo) para que la tensión no baje. Y en el otro extremo, UPD y Ciutadans, se encargarán de que las proclamas unionistas se escuchen más que los debates sobre el futuro del Estado del bienestar, la brechas entre los países del norte y el sur de la Unión Europea o la falta de una política fiscal conjunta. H