La 'playlist' de la Euro

El máximo artillero del club de la tragedia

Paolino Pulici, en 1974, en el estado Comunale de Turín.

Paolino Pulici, en 1974, en el estado Comunale de Turín.

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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El delantero Paolino Pulici llegó al Torino FC de rebote, después de que Helenio Herrera y Giovanni Invernizzi hubieran desaconsejado su incorporación al Inter de Milán por considerar que aquel chaval de 16 años capaz de correr los 100 metros en 10 segundos y 5 décimas -¡con las botas de tacos!- era “demasiado rápido” para jugar a fútbol y debía dedicarse al atletismo. Pese a su juventud, Pulici era ya entonces un fumador compulsivo, hábito que había desarrollado en las duras jornadas de trabajo en una fábrica de hilos de cobre como método para contrarrestar el desagradable y pernicioso regusto de los vapores del metal (Paolino era alérgico a la leche, que era lo que consumían la mayoría de los operarios). Cuando llegó la llamada del Torino, en 1967, Pulici le pidió a su supervisor que le guardara el puesto en la fábrica durante un año por si la cosa salía mal. No salió mal.

El Torino que se encontró Pulici era un equipo conmocionado por la reciente muerte de su gran estrella, Gigi Meroni, en un accidente automovilístico provocado por un hincha ‘granata’, Attilio Romero, que al cabo de los años llegaría a ser presidente de la entidad. La desgracia había vuelto a golpear a un club que justo entonces empezaba a levantar tímidamente la cabeza después de casi dos décadas de luto por la catastrófica desaparición del ‘Grande Torino’, el equipo imbatible que había encadenado cinco títulos de liga consecutivos y cuyos integrantes fallecieron el 4 de mayo de 1949 al impactar el avión en el que viajaban contra un muro de contención de la Basílica de Superga, en Turín.

El año de 'Puliciclone'

Pulici quedó inmediatamente subyugado por el halo trágico del Toro y por la indestructible lealtad de su afición, puesta a prueba como acaso ninguna otra en la historia del fútbol. Y se propuso, con un empeño casi sobrenatural, devolver a la entidad a la cima. En las 14 campañas que pasó vistiendo la camiseta granate, ‘Puliciclone’ (apodo acuñado por el legendario periodista Gianni Brera) se convirtió en el goleador más prolífico que jamás ha pasado por el Torino (condición que sigue ostentando) y, lo más importante, en la temporada 1975-76 participó de manera decisiva en la conquista del único ‘scudetto’ que ha conseguido ganar el club después del desastre de Superga.

Han pasado 45 años desde aquel logro conmovedor y Paolo 'Pupi' Pulici sigue ocupando un lugar de privilegio en el altar de los grandes ídolos de la hinchada ‘granata’. Así lo demuestra la festiva canción de título imperativo (“Marca un gol”) que la banda turinesa de ska Statuto, mascarón de proa de la escena mod italiana en las últimas décadas, le dedicó en su elepé ‘Sempre’, de 2005 (el propio jugador se prestó a hacer una emocionante aparición en el divertido videoclip del tema). Los Statuto, por cierto, son los autores de ‘Cuore Toro’, que en 2006 fue adoptado como himno oficial del club.

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Pulici colgó las botas en 1985 y, tras una breve experiencia que lo convenció de que no estaba hecho para el puesto de entrenador, abrió una escuela de fútbol en Trezzo Sull’Adda, en la periferia de Milán. Allí recibió un día la visita de Pep Guardiola, entonces jugador del Brescia, que, según reveló años después el propio Pulici, lo “masacró” a preguntas sobre el Torino de los años 70 y sobre el proceso de construcción de la mentalidad ganadora que los llevó a ser campeones. No podrá decirse que Pep no sacara partido a la lección.