La 'playlist' de la Euro

El maltrecho corazón de la selección española

Manuel Cáceres, conocido como Manolo el del Bombo, posa en 2011 en el bar que regentó en Valencia.

Manuel Cáceres, conocido como Manolo el del Bombo, posa en 2011 en el bar que regentó en Valencia. / Kai Försterling (EFE)

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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La historia del fútbol esconde a menudo sus párrafos más relevantes en páginas aparentemente intrascendentes. Ahí va un ejemplo. El 9 de diciembre de 1979, la selección española se enfrentó a Chipre en el estadio Tsirion de Limasol, ante 12.000 espectadores, en un partido de clasificación para la Eurocopa-80. Ganó España por 1-3 con goles de Villar, Santillana y Saura y de ese modo acabó de sellar el pasaporte a la fase final del torneo, que se celebraba en Italia. Pero, en realidad, el único motivo por el que aquel encuentro -que, según las crónicas, resultó un tostonazo del quince- merece ser recordado es otro: ese fue el primer desplazamiento en el que el equipo español recibió el aliento desde la grada de un aficionado manchego llamado Manuel Cáceres Artesero. Para la historia, Manolo el del bombo.

A sus 72 años, el hincha de la boina y el cachirulo que ha animado a la Roja en más de 400 partidos (incluidos 10 mundiales y 8 eurocopas) se pasea hoy por los medios de comunicación como un personaje trágico que mendiga ayudas y explica a quien quiera escucharle cómo la pasión por el balompié (y la percusión, cabría añadir) le ha arruinado la vida: separado en dos ocasiones y distanciado de sus hijos, Manolo malvive con una pensión de jubilación de poco más de 800 euros después de haber tenido que cerrar por culpa de la pandemia el bar Tu Museo Deportivo que durante tres décadas regentó en Valencia, a unos 100 metros de Mestalla. Pese a haber recibido un dinerillo de la Federación Española para viajar estos días a Copenhague y San Petersburgo, el hombre asegura ser víctima de un despiadado ninguneo por parte de las autoridades futbolísticas y profiere una y otra vez la más lúgubre de las amenazas: si la situación económica no se arregla, tendrá que vender el bombo. 

El "disgusto nacional"

Y ya se sabe lo que sucede cuando Manuel Cáceres se ve privado de su legendario instrumento: “Si Manolo pierde el bombo / disgusto, disgusto nacional”. Eso es lo que cantaba la joven banda madrileña (y madridista) Carolina Durante en ‘El himno titular’, jocosa canción compuesta y publicada en vísperas del Mundial de Rusia que ha sido versionada por Los Planetas y Amaia Romero, entre otros. El verso en cuestión aludía a un triste episodio ocurrido en junio de 2017, cuando Manolo, convaleciente aún de una delicada intervención coronaria, se desplazó a Murcia para asistir a un partido amistoso entre España y Colombia en la Nueva Condomina (ya ven que el tipo se lo traga absolutamente todo) y algún desalmado aprovechó un momento de desatención para robar el bombo del vehículo en el que viajaba.

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Tras unos días de comprensible zozobra (“estoy deshecho”, llegó a afirmar), el jugador número 12 de la selección española pudo recuperar su legendario tambor, que apareció misteriosamente en las inmediaciones del Cuartel General de la Armada en Madrid. El momento del reencuentro entre hombre y bombo fue descrito de forma unánime por la prensa deportiva como “emotivo”, aunque Manolo no pudo evitar darle una pátina grotesca al declarar: “Ha sido como cuando uno se casa y ve por primera vez a la mujer”. Un símil que tal vez sea aceptable en algunas regiones de Asia meridional pero que en España causa, cuanto menos, extrañeza.