La 'playlist' de la Euro

Cómo entrar en la historia a cabezazos

Basile Boli intercepta un ataque inglés en el partido de la Eurocopa de 1992 en el que cabeceó a Stuart Pearce.

Basile Boli intercepta un ataque inglés en el partido de la Eurocopa de 1992 en el que cabeceó a Stuart Pearce. / Bob Thomas

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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Una de las cosas útiles que nos enseña la historia del balompié es que a la hora de propinarle un cabezazo a un oponente conviene tener en cuenta la nacionalidad de la víctima; digamos que las probabilidades de irse de rositas son bastante más altas si el agredido es un jugador inglés que si es un italiano. Simple cuestión de cultura futbolística. Vean, si no, lo que les ocurrió a Zinedine Zidane y a Basile Boli.

Lo de Zidane sin duda lo recuerdan. En el minuto 110 de la final del Mundial de 2006 disputada en Berlín, Marco Materazzi hizo un comentario de mal gusto sobre la hermana del astro francés y este, que jugaba su último partido como futbolista, embistió con la cabeza al defensa italiano, que cayó al suelo entre alaridos de dolor y se retorció durante un buen rato en el césped; el tiempo suficiente para que Zidane viera la cartulina roja que ponía un lamentable punto final a su ejemplar carrera.

El hasta hace poco entrenador del Real Madrid no era el primer francés que golpeaba con la testa a un rival en un gran torneo de selecciones. En un partido de la fase de grupos de la Eurocopa de 1992 que enfrentaba a Inglaterra y Francia, el durísimo central galo Basile Boli le metió un terrible cabezazo a Stuart Pearce, otro defensa conocido por no hacer prisioneros (uno tiene que haber demostrado ciertas aptitudes para ganarse el apodo de ‘Psicópata’). En aquella ocasión, el desenlace fue bien distinto.

20 minutos de terror

El incidente se originó en un rifirrafe que Pearce tuvo con el francés Jocelyn Angloma. Boli acudió a vengar a su ‘coéquipier’ y arremetió con el hueso frontal contra el rostro del inglés, que se desplomó con una aparatosa brecha sangrante en la mejilla derecha. Tardó poco en levantarse. “Al parecer, el árbitro no había visto nada, así que pensé que no tenía sentido quedarme allí en el suelo”. En lugar de ir a denunciar la acción al colegiado entre aspavientos, Pearce optó por un enfoque más acorde a su reputación. “Me acerqué a Angloma y le dije que sabía que había sido él y se lo iba a hacer pagar. Se pasó los 20 minutos siguientes aterrorizado y negando haber sido el autor del cabezazo”. No hubo sanción para Boli.

En la rueda de prensa tras el partido, Pearce aseguró que la colisión había sido accidental. “Si decía que había sido una acción deliberada, alguien podía ponerse a buscar imágenes mías de anteriores partidos y no habría salido bien parado”, se justificó un tiempo después. Dados sus antecedentes, el argumento era bastante incontestable. Boli le envió un fax al hotel de concentración de la selección inglesa para darle las gracias por su “deportividad”.

La primera Champions

Antes de que pasara un año, el central nacido en Costa de Marfil volvió a dar un cabezazo sonado. Esta vez impactó con la pelota, a la salida de un córner, para marcar el gol que le dio la victoria al Olympique de Marsella frente al Milan en la final de la primera edición de la renovada Champions League, en 1993.

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La voz de Boli desde una grabación telefónica es lo primero que se oye en ‘Passement de jambes’ (título que alude a la maniobra futbolística que en España se conoce como 'bicicleta'), un típico ‘egotrip’ arrogante en clave de declaración de amor al deporte rey que el rapero parisino Doc Gynéco incluyó en 1996 en su muy recomendable elepé de debut, ‘Première consultation’. El homenaje se queda solo a medias, porque, en un momento de la letra, Doc Gynéco se mofa abiertamente del sobrepeso del internacional francés. Un cuarto de siglo después, Basile Boli todavía no ha ejecutado su venganza. Y si lo ha hecho, no ha trascendido.