La 'playlist' de la Euro

La leyenda negra de las medias blancas

Arconada desbarata un ataque danés en las semfinales de la Eurocopa de 1984.

Arconada desbarata un ataque danés en las semfinales de la Eurocopa de 1984. / Getty Images

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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“No pasa nada, tenemos a Arconada”, cantaba la hinchada de la Real Sociedad en el viejo Atocha cuando los equipos visitantes se ponían en plan dominador. Desde que en 1975 se hizo dueño de la portería ‘txuri-urdin’ desbancando al mismísimo Urruti, Luis Miguel Arconada Echarri fue el pilar maestro sobre el que el club donostiarra edificó sus años más gloriosos, coronados con la conquista de dos títulos ligueros consecutivos, en 1981 y 1982. Su merecido estatus de leyenda intocable ha quedado, sin embargo, salpicado por las insidias que un sector de la prensa española se dedicó a promover contra él a raíz de sus actuaciones con la selección. Unas medias blancas y un error impropio de su categoría sirvieron de pretexto.

Lo de las medias fue la típica mentecatez que el nacionalismo español más rancio se saca de la boina cada vez que la realidad no se ajusta a sus expectativas (algo que sucede con alarmante frecuencia). La cosa arrancó en el Mundial de 1982, el de Naranjito. Después de haber hinchado durante meses el globo de una selección que solo con mucha benevolencia cabría calificar de pasable, el país anfitrión se vio eliminado de la competición tras dos derrotas, dos empates y una sola victoria, conseguida por medio de un penalti injusto. Tocaba, pues, buscar culpables, y ahí fue cuando alguién reparó en que Arconada (que hizo un torneo discreto, igual que el resto de sus compañeros) no jugaba con los preceptivos calcetines negros con la bandera rojigualda en la vuelta, sino con unos blancos. Y se montó un auto sacramental.

Un blanco fácil

El portero donostiarra, que lucía siempre medias blancas por pura superstición (los jugadores de campo de la Real las llevaban azules), fue acusado de albergar sentimientos antiespañoles e incluso de actuar a las órdenes de ETA. Arconada, que nunca quiso responder a los ataques, se convirtió así en una figura sospechosa (algo parecido le ocurrió muchos años después a Gerard Piqué por cortarse las mangas de una camiseta) y su presencia en la selección empezó a ser cuestionada no por criterios futbolísticos sino políticos.

Y entonces llegó la Eurocopa de Francia.

Clasificada de milagro gracias a la muy anómala victoria por 12-1 contra Malta, España se acabó plantando en la final después de que Arconada diera un recital antológico en el partido de semifinales frente a Dinamarca, que se resolvió en la tanda de penaltis. Desgraciadamente, hoy casi nadie se acuerda de aquella exhibición del guardameta guipuzcoano porque el día de la final, disputada el 27 de junio de 1984 en el Parque de los Príncipes, encajó un gol lamentable al no poder atajar un lanzamiento de falta en apariencia inofensivo de Michel Platini. Las medias blancas, y lo que supuestamente estas representaban, salieron de nuevo a relucir entre improperios y jaculatorias.

Poco después, aprovechando una lesión del portero, el seleccionador Miguel Muñoz dejó de contar con él. Arconada ya nunca volvió a jugar con España.

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('Bonus track': el formidable grupo zaragozano Tachenko tiene también una canción titulada 'Arconada', pero aquí no hay referencia futbolística alguna más allá de la presencia un poco 'random' del nombre del portero en uno de los últimos versos).