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Viajar con alojamiento gratis

La fórmula del intercambio de casas se basa en la confianza y en la generosidad mutua

ALBERTO GONZÁLEZ / Barcelona

Un turista entrando por primera vez en una vivienda de intercambio.

Un turista entrando por primera vez en una vivienda de intercambio.

La economía colaborativa sigue haciéndose su hueco, demostrando que el dinero puede no ser el único valor de cambio en las transacciones. El modelo vacacional de intercambio de casas es un ejemplo de ello. Consiste simplemente en un acuerdo voluntario entre particulares para cederse mutua, temporal y normalmente de forma simultánea sus respectivas viviendas. A partir de ahí todo está por concretar, desde la duración del intercambio (que puede ser tan corta o larga como las partes acuerden) o incluso los bienes a compartir (hay quien añade a la vivienda una bicicleta, un coche o una caravana, que pueden facilitarnos los desplazamientos en el país de destino, por ejemplo).

A fin de cuentas, estaríamos hablando del trueque de toda la vida. Recordemos que el alojamiento puede llegar a representar un porcentaje importante del coste total de las vacaciones; sin embargo, el factor económico no es el único que pesa en la apuesta por esta opción. Muchos viajeros prefieren experimentar la ciudad de destino alojados en una 'casa viva', antes que hacerlo en una impersonal habitación de hotel, por ejemplo.

También hay otros que van más allá, y apelan a razones filosóficas. Según estos, el intercambio de casas es una modalidad vacacional que contribuye a un nuevo modelo relacional, en el que la colaboración y la confianza ganan la batalla a la suspicacia y el miedo. Partidarios de que otro tipo de sociedad es posible, las familias que optan por el intercambio de casas también están educando en estos valores a sus pequeños.

Por otro lado, el intercambio de casas busca alejarse de un modelo de turismo consumista y apegado a lo material. Se trataría de utilizar los bienes que uno tiene como instrumento para conseguir otros servicios, convencidos de que este es el mejor uso que podemos darles (mucho mejor que tener nuestro piso cerrado durante nuestra ausencia, incluso por motivos de seguridad).

Además, el intercambio de casas nos acerca al modo de vida local y fomenta la comunicación y el diálogo entre personas. De hecho, después de haber explicado los detalles de nuestra vivienda a las personas que morarán en ella, de recomendarles comercios, servicios o propuestas de ocio en la zona, es habitual que se establezcan bonitos vínculos entre ambas partes, cuando no –directamente– una amistad).

Así está el mercado

Internet ha abierto las puertas a la popularización del intercambio de casas en todo el mundo como una forma cómoda y sin mediación del dinero que permite elegir entre multitud de posibles opciones y países de destino. Podemos cambiar nuestro pequeño piso en Barcelona (una ciudad, por cierto, muy solicitada), por una preciosa cabaña suiza, un gran loft neoyorquino o una vivienda tradicional japonesa. Todo depende de nuestra previsión, nuestra habilidad rastreadora y nuestro encanto a la hora de negociar.

Son muchas las webs (no todas gratuitas) que funcionan como mediadoras en dicho intercambio, entre las que se puede mencionar Home ExchangeLove Home SwapIntercambioCasasHomelink International o HomeForHome. A la hora de escoger entre una u otra, se recomienda leer detalladamente el contrato que se establece con el responsable del sitio, donde figuran las condiciones de uso y los derechos y obligaciones de ambas partes.

En cualquier caso, conviene decantarse por aquellos portales de intercambio de casas que proporcionan la mayor cantidad de información posible sobre la persona que acudirá a nuestro domicilio. De hecho, en algunos existe un sistema de calificación y de alertas que evalúan los propios usuarios.

La posición en España

El intercambio de casas no está tan implantado en nuestro país como, por ejemplo, en Francia o Inglaterra. De ello dependen, según los expertos, factores culturales: En los países mediterráneos (y especialmente los latinos) existen demasiados prejuicios y nuestra casa familiar –a poder ser de propiedad y de uso exclusivo– es concebida como algo muy personal e íntimo. El principal miedo que albergamos es que, a nuestro regreso, encontremos nuestro hogar destrozado, pese a que la gran mayoría de las experiencias que registran los portales especializados sean tremendamente positivas.

Eso sí, como la garantía absoluta nunca la tendremos (cabe recordar que el intercambio de domicilios es una actividad que no está protegida por las leyes de consumo españolas, dado que consiste en un mero intercambio entre particulares), no está de más tomar algunas precauciones, como guardar los objetos de valor a buen recaudo.

    

Temas: Vacaciones