La extinción de CiU

El partido que ostentó un poder sin paralelo en la historia de Catalunya ha pasado de 62 diputados a 0 en la última década

Por Jose Rico

Corría el cava en el hotel Majestic de Barcelona. Brindaba todo el alto mando convergente. Una enorme 'senyera' presidía el balcón al que miraban cientos de militantes enfervorecidos. La primera fila de la balaustrada: Artur Mas, Jordi Pujol, Josep Antoni Duran Lleida, Joana Ortega, Francesc Homs, David Madí, Núria de Gispert… Era el 28 de noviembre de 2010 y CiU acababa de ganar las elecciones catalanas con 62 diputados. Nada ni nadie de aquel festín queda hoy en pie. Ni el partido, ni los dirigentes, ni su legado, ni uno solo de tantos escaños. Una década después, la herencia de la que parecía todopoderosa Convergència i Unió se ha extinguido por completo.

Artur Mas; su esposa, Helena Rakosnik, y Jordi Pujol brindan con cava para celebrar la victoria electoral, el 28 de noviembre de 2010. Foto: Albert Bertran

Artur Mas; su esposa, Helena Rakosnik, y Jordi Pujol brindan con cava para celebrar la victoria electoral, el 28 de noviembre de 2010. Foto: Albert Bertran

Estas son las imágenes que resumen la implosión de la fuerza política que ha acumulado mayor poder en la historia de Catalunya.

Artur Mas toma posesión como presidente de la Generalitat, el 27 de diciembre de 2010. Foto: Ferran Nadeu

Artur Mas toma posesión como presidente de la Generalitat, el 27 de diciembre de 2010. Foto: Ferran Nadeu

2010

Aquella noche de éxtasis convergente acabó lo que Mas había definido como "la travesía del desierto". El delfín de Pujol ganó todas las elecciones a las que se presentó, pero tuvo que esperar siete años en la oposición hasta que logró fulminar, ayudado por el estallido de la crisis económica y el recorte del Estatut, al tripartito de izquierdas que en 2003 había roto 23 años de pujolismo.

CiU venció de calle con 1.202.830 votos y 62 escaños que le permitían gobernar sin socios estables. Hasta en el Baix Llobregat se impuso Mas, que le arrancó la abstención a un noqueado PSC para ser investido 'president' y eligió de facto al PP de Alicia Sánchez-Camacho para sacar adelante su plan de recortes sociales.

2011

Como una mancha de aceite se extendió el dominio convergente en la doble cita electoral de ese año. Mientras el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se ahogaba en toda España por la crisis y sin acusar desgaste por los tijeretazos y el movimiento del 15-M, CiU conquistó dos bastiones de poder municipal socialista: Barcelona y Girona.

Carles Puigdemont toma posesión como alcalde de Girona, el 1 de julio de 2011. Foto: Joan Castro

Carles Puigdemont toma posesión como alcalde de Girona, el 1 de julio de 2011. Foto: Joan Castro

Xavier Trias desbancó por primera vez al PSC en la capital catalana y un desconocido Carles Puigdemont se convirtió en el primer alcalde gerundense no socialista en 32 años.

Celebración de la victoria de CiU en las generales del 20 de noviembre de 2011. Foto: Albert Bertran

Celebración de la victoria de CiU en las generales del 20 de noviembre de 2011. Foto: Albert Bertran

Y a finales de año, Duran Lleida ganó las elecciones generales en Catalunya y CiU obtuvo 16 diputados en el Congreso.

2012

El día de San Valentín, Mas firmó con Sánchez-Camacho un pacto presupuestario que daba otra vuelta de tuerca a los recortes sociales y económicos, en sintonía con las severas exigencias de la UE. Erosionado por la tijera, el 'president' enarboló la bandera del pacto fiscal como única salida al déficit de financiación de Catalunya, mientras su partido oxigenaba a la neonata Assemblea Nacional Catalana (ANC) para alumbrar la primera Diada masiva.

Panorámica de la manifestación de la ANC en Barcelona en la Diada de 2012. Foto: Albert Bertran

Panorámica de la manifestación de la ANC en Barcelona en la Diada de 2012. Foto: Albert Bertran

El clamoroso éxito rebasó la reivindicación del pacto fiscal, que Mas convirtió en un órdago a Mariano Rajoy. El sonoro portazo de la Moncloa, el estado de ebullición soberanista y la necesidad de hacer olvidar los recortes llevaron a pensar a los estrategas de CiU que había que apostar por el 'procés', bautizado primero como "estructuras de Estado".

La primera etapa sería convocar elecciones para obtener los seis escaños que le separaban de la mayoría absoluta, con el compromiso, aún ambiguo, de celebrar una consulta soberanista. Pero el plan fracasó: Mas perdió 12 diputados, se quedó con 50 y en manos de ERC, que sería su nuevo socio.

Caras largas la noche electoral del 25 de noviembre de 2012. Foto: Julio Carbó

Caras largas la noche electoral del 25 de noviembre de 2012. Foto: Julio Carbó

2013

Tras la crisis económica y el 'procés', la terna de factores que lastraron a CiU se completó con la corrupción. El hombre llamado a ser el sucesor de Mas (y a seguir la estirpe familiar), Oriol Pujol, dimitió el 19 de marzo al ser imputado por tráfico de influencias en la adjudicación de estaciones de ITV. Fue el primer episodio del calvario judicial que acabaría con la saga Pujol y con Convergència.

Oriol Pujol, el día que anunció su dimisión, el 19 de marzo de 2013. Foto: Danny Caminal

Oriol Pujol, el día que anunció su dimisión, el 19 de marzo de 2013. Foto: Danny Caminal

El segundo tardaría pocos meses: una denuncia de cobro de comisiones ilegales a cambio de contratos públicos en el Ayuntamiento de Torredembarra (Tarragona) sería el primer hilo de la intrincada madeja del 'caso 3%'.

2014

"Aún puedo estropear o mejorar mi biografía. Quizás sería bueno que no dijera absolutamente nada". Tan ufano como siempre hablaba Jordi Pujol en el programa 'El convidat' de TV3 en 2012. Dos años después, el 'expresident' daría el golpe definitivo a su imagen y al partido que fundó con la confesión de que había ocultado durante décadas una fortuna en el extranjero que atribuía a una herencia de su padre.

Su esposa y sus siete hijos aún esperan fecha para ser juzgados por "organización criminal" por amasar una riqueza que el juez no ha podido cuantificar y que la Policía estima en 290 millones de euros.

Jordi Pujol comparece en el Parlament tras su confesión. el 26 de septiembre de 2014. Foto: Julio Carbó

Jordi Pujol comparece en el Parlament tras su confesión. el 26 de septiembre de 2014. Foto: Julio Carbó

A toda prisa, Mas y CDC repudiaron a su mentor y le quitaron todos sus honores antes de que la onda expansiva de la bomba pudiese afectar al primer 'momentum' del 'procés': la consulta del 9-N. La iniciativa fue rápidamente prohibida por el Tribunal Constitucional y rápidamente convertida por el 'president' en un "proceso participativo" que movilizó a dos millones de independentistas.

Mas firma el decreto de convocatoria de la consulta del 9-N. Foto: Jordi Bedmar

Mas firma el decreto de convocatoria de la consulta del 9-N. Foto: Jordi Bedmar

El ensayo general del 1-O no tuvo efecto alguno, pero no evitó que Mas y tres 'consellers' acabasen años después inhabilitados y condenados a pagar 5 millones de euros.

2015

La demolición de CiU la anunció Josep Rull, hoy encarcelado por el 1-O, sin poder evitar una media sonrisa: "El proyecto político de la federación de Convergència i Unió se ha acabado".

Reunión de la ejecutiva de CiU, el 16 de febrero de 2015. Foto: Danny Caminal

Reunión de la ejecutiva de CiU, el 16 de febrero de 2015. Foto: Danny Caminal

El final de 37 años de tortuosa relación se precipitó por el rechazo, por la mínima, de las bases de UDC a acatar la hoja de ruta independentista con la que CDC pretendía acudir a las urnas en coalición con ERC, la ANC y Òmnium Cultural.

Celebración de la victoria electoral de Junts pel Sí, el 27 de septiembre de 2015. Foto: Ferran Nadeu

Celebración de la victoria electoral de Junts pel Sí, el 27 de septiembre de 2015. Foto: Ferran Nadeu

El nacimiento de Junts pel Sí, al que no sumó la CUP, llevaba bajo el brazo el compromiso de proclamar la independencia en 18 meses si los secesionistas obtenían la mayoría en unas elecciones llamadas "plebiscitarias".

El 'sí' venció en escaños (62), pero no llegó al 50% de los votos. Mas y el 'procés' pasaban a depender de la CUP.

2016

El correoso socio anticapitalista se cobró el trofeo de propinar la estocada mortal que para Convergència supuso perder a su líder. En lenguaje 'cupaire', enviarlo "a la papelera de la historia". Mas cedió la presidencia de la Generalitat en el último minuto para salvar el 'procés' y tomó una decisión de la que aún hoy dice no arrepentirse: elegir como sucesor a Carles Puigdemont.

"Desde el punto de vista del país, era un independentista comprometido, un 'pata negra', capaz de arriesgarse por sus ideales. Desde el punto de vista del partido, estaba fuera de las dinámicas y disputas habituales entre familias", justifica en su libro 'Cap fred, cor calent' (Columna Edicions).

Carles Puigdemont y Artur Mas, en el congreso fundacional del PDECat, el 10 de julio de 2016.Foto: Joan Cortadellas

Carles Puigdemont y Artur Mas, en el congreso fundacional del PDECat, el 10 de julio de 2016.Foto: Joan Cortadellas

Unas páginas después, Mas sentencia: "¿Convergència sí o no? Nuestra conclusión, y la mía en particular, fue que no. En otras palabras, aunque pueda parecer paradójico, era necesario sacrificar Convergència para salvar y hacer crecer el proyecto convergente".

CDC buscó huir de la corrupción con una refundación que tropezó en la primera piedra. La rebelión de las bases hizo que el nuevo partido se acabase llamando de una manera distinta a como la dirección pretendía. Así de premonitorio se expresa Mas: "Cuando algo no nace del todo bien, es muy cierto que después cuesta enderezarlo. Y el PDECat nació cojo. Costó meses, trabajo, nervios y disgustos enderezar todo aquello que no había salido bien en el congreso".

Foto: Andreu Dalmau

Foto: Andreu Dalmau

Foto: Andreu Dalmau

Foto: Andreu Dalmau

Foto: Andreu Dalmau

Foto: Andreu Dalmau

2017

A la desaparición de Convergència se sumó la de su histórico compañero de viaje. Unió Democràtica echaba el cierre después de 80 años de travesía ahogada por los 22 millones de euros de deuda que le habían dejado la escisión de su ala independentista y las elecciones de 2015, en las que no consiguió representación en el Parlament pese a haber cosechado 103.293 votos.

La formación entró en concurso de acreedores y un juzgado de Barcelona dictó la disolución el 24 de marzo. La huella democristiana hay que encontrarla hoy en JxCat (Demòcrates) y en el PSC (Units per Avançar).

Josep Antoni Duran Lleida, el día que anunció su dimisión como líder de Unió. Foto: EFE / Quique García

Josep Antoni Duran Lleida, el día que anunció su dimisión como líder de Unió. Foto: EFE / Quique García

Votantes del referéndum del 1-O, en un colegio de Barcelona. Foto: Ferran Nadeu

Votantes del referéndum del 1-O, en un colegio de Barcelona. Foto: Ferran Nadeu

La exigua llama del legado convergente se apagó arrasada por las convulsiones de un otoño que empezó con el referéndum del 1-O, siguió con una declaración unilateral de independencia que provocó la destitución del Govern y el encarcelamiento o la huida al extranjero de sus líderes, y culminó con unas elecciones convocadas por la Moncloa en las que el PDECat se sometió a las directrices de Puigdemont.

El Govern y los diputados independentistas, tras la aprobación de la DUI, el 27 de octubre de 2017. Foto: Julio Carbó

El Govern y los diputados independentistas, tras la aprobación de la DUI, el 27 de octubre de 2017. Foto: Julio Carbó

La botadura de Junts per Catalunya se saldó con 34 diputados, la mitad de los que tenía Mas cuando llegó a la Generalitat.

2018

Pese a su rebautismo, Convergència seguía existiendo porque aún debía saldar cuentas con la justicia, lo que incluía un embargo de sus sedes por el saqueo del Palau de la Música. La sentencia de ese expolio dictaminó que CDC se había financiado irregularmente mediante comisiones a cambio de la adjudicación de obra pública, vehiculadas a través de la institución cultural que dirigían Fèlix Millet y Jordi Montull. Y condenó al partido a devolver los 6,6 millones de euros saqueados, mientras veía cómo Oriol Pujol aceptaba dos años y medio de cárcel. El cambio de nombre tampoco le valió al PDECat para eludir la imputación por el 'caso 3%'.

Fèlix Millet y Jordi Montull, en el juicio por el saqueo del Palau de la Música. Foto: Joan Puig

Fèlix Millet y Jordi Montull, en el juicio por el saqueo del Palau de la Música. Foto: Joan Puig

La escasa huella de la otrora hegemónica CDC se iba borrando con el paso de los meses. Ya con un 'president' sin carnet convergente (Quim Torra), Puigdemont se hizo en julio con el control absoluto del PDECat, forzando la dimisión de Marta Pascal y contribuyendo a atomizar un poco más el espacio político de la posconvergencia: Lliures, Convergents, Partit Nacionalista Català

Marta Pascal, tras presentar su dimisión como líder del PDECat, el 21 de julio de 2018. Foto: ACN / Núria Julià

Marta Pascal, tras presentar su dimisión como líder del PDECat, el 21 de julio de 2018. Foto: ACN / Núria Julià

Solo los intereses electoral mutuos mantenían pendiendo de un hilo una relación entre JxCat y PDECat cada vez más enrarecida.

2019

Los malos síntomas se agudizaron en las cuatro elecciones de 2019, de las que Puigdemont solo salvó el honor en su Girona natal y en las europeas, a las que él se presentó como candidato frente a Oriol Junqueras.

Laura Borràs, Quim Torra, Carles Puigdemont y Albert Batet, en una reunión de la dirección de JxCat en Bruselas. Foto: EFE / Leo Rodríguez

Laura Borràs, Quim Torra, Carles Puigdemont y Albert Batet, en una reunión de la dirección de JxCat en Bruselas. Foto: EFE / Leo Rodríguez

Las municipales otorgaron a ERC el máximo poder territorial: se hizo con las alcaldías de Tarragona y Lleida, y ganó por primera vez en Barcelona aunque no pudo desbancar a Ada Colau. Los republicanos hicieron además doblete en las generales de abril y noviembre. JxCat se quedó con 8 diputados, la mitad de los que recabó Duran Lleida en 2011.

2020

Ni la pandemia del coronavirus sirvió para unir de nuevo a la galaxia posconvergente. La ruptura entre JxCat y PDECat se consumó con la convocatoria de las autonómicas de 2021, a las que concurrieron por vez primera separados y enmarañados en un litigio judicial por la marca y sus derechos.

Carles Puigdemont y Quim Torra, en la presentación como partido de Junts. Foto: EFE / Luis Díaz

Carles Puigdemont y Quim Torra, en la presentación como partido de Junts. Foto: EFE / Luis Díaz

El divorcio facilitó que Junts per Catalunya, con Puigdemont al frente, renegase de todo pasado convergente, pese a que la sombra de la corrupción persigue también a su líder in pectore, Laura Borràs, acusada de cuatro delitos por, presuntamente, adjudicar a dedo contratos a un amigo por un total de 260.000 euros.

Laura Borràs, en un acto de campaña de Junts. Foto: EFE / Quique Garcia

Laura Borràs, en un acto de campaña de Junts. Foto: EFE / Quique Garcia

2021

Pasadas las elecciones, Mas ha afirmado que el resultado del divorcio ha sido malo para todos. En efecto, Junts ha conseguido 32 diputados, dos menos que cuando se presentó con el PDECat, y ha visto cómo ERC certificaba de nuevo el 'sorpasso'.

El partido de Mas, el 'president' que había comenzado la década con 62 diputados y 1.202.830 votos, se quedó fuera del Parlament y con apenas 77.059 papeletas.

Àngels Chacón y la dirección del PDECat, la noche electoral del 14 de febrero de 2021. Foto: EFE / Marta Pérez

Àngels Chacón y la dirección del PDECat, la noche electoral del 14 de febrero de 2021. Foto: EFE / Marta Pérez

Las bases de la formación decidirán ahora si se extingue el último rescoldo de lo que fue el coloso de CiU.

Artur Mas, en un acto del PDECat, el 15 de octubre de 2016. Foto: AFP / Pau Barrena

Artur Mas, en un acto del PDECat, el 15 de octubre de 2016. Foto: AFP / Pau Barrena