La cara B del 23-F






40 años después del 'tejerazo', el sumario del juicio sigue siendo secreto. El historiador Roberto Muñoz Bolaños tiene una copia y corrige la 'versión oficial'.

Los ciudadanos (o la mayoría) que hiperventilaron frente a la Telefunken al ver al teniente coronel Antonio Tejero y sus 200 guardias civiles entrar a la brava en el Congreso de los Diputados siguen creyendo en la versión oficial de los hechos: fueron un puñado de militares alentados por la extrema derecha y punto. Roberto Muñoz Bolaños, experto en la historia militar de la España del siglo XX, tiene una copia del sumario aún no desclasificado del juicio a los golpistas –se la entregó el abogado de Tejero, Ángel López Montero– y destapa la cara B en el libro El 23-F y los otros golpes de Estado de la Transición (Espasa). A continuación nos hace de cicerone por la trastienda del asalto.

1-¿EL ‘STORYTELLING' OFICIAL ES UNA RECREACIÓN MUY LIBRE?

Muñoz Bolaños no titubea: "Sí". A partir del 24-F, explica, un sector de la prensa se apresuró a tejer un relato para la posterioridad con dos vistosas lanas: 1/ el origen ideológico del golpe había que buscarlo en sectores de la extrema derecha civil, y 2/ ninguna institución importante del Estado –incluidos los partidos políticos y la Corona– había tenido nada que ver con el asunto. "El objetivo era salvaguardar a las élites y al Rey", apunta. Y la opinión pública –más cándida en los 80– lo 'compró' porque los señalados "eran un conjunto de personajes muy antipáticos".

Aun así, el historiador se pregunta en voz alta: "¿Cómo se pudo creer que alguien como Juan García Carrés [condenado a dos años de prisión por conspiración para la rebelión militar], que había presidido un sindicato que incluía a los serenos [vigilantes nocturnos que abrían las puertas a los vecinos] durante el franquismo, o que José Antonio Girón, que tenía 70 años y no pintaba nada, estuvieran detrás del golpe?". Como fuera, entre los 'blanqueadores' del relato, prosigue, "destacaron periodistas como Ricardo Cid Cañaveral, Fernando Jáuregui y Pilar Urbano", que 32 años después acabaría señalando a Juan Carlos I como el "elefante blanco" de la operación golpista en el libro 'La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar'.

El historiador Roberto Muñoz Bolaños descubre algunos secretos que escondía el sumario del 23-F. Vídeo: José Luis Roca

El historiador Roberto Muñoz Bolaños descubre algunos secretos que escondía el sumario del 23-F. Vídeo: José Luis Roca

2-LA CORRECCIÓN

Sumario en mano, sostiene Muñoz Bolaños que un nutrido sector de la élite conservadora, partidaria de un "sistema democrático limitado", vio con estupor cómo el –inicialmente– "obediente" Adolfo Suárez legalizaba el PCE, no echaba sosa cáustica a la cosa autonómica –ETA estaba muy activa– y planteaba un Estado social y democrático. En resumen: amenazaba sus privilegios. Querían mantener el sistema impositivo franquista, dejar de tocar las narices con los derechos laborales y controlar "no solo el proceso de toma de decisiones económicas, sino políticas".

Así, desde la primavera de 1977, empresarios, banqueros y algún que otro nostálgico del ancien régime acudieron como mariposas a la luz a los almuerzos y cenas "organizados por el periodista Luis María Ansón", presidente de la agencia Efe y confeso partidario de "un franquismo sin Franco". Seguían el consejo de Henry Kissinger (que tenía su propia agenda en el tablero europeo): que hubiera elecciones –con una izquierda descafeinada– y ya entrarían en la Comunidad Europea y luego en la OTAN. "En Europa la democracia parlamentaria no funciona bien y hay que ponerle remedio –les dijo el halcón estadounidense–. Go slowly!".

Varias cenas después, aquella élite concluyó que, ante la posibilidad de un golpe militar, había que apostar –"sin salir del carril de la legalidad"– por un gobierno de concentración nacional, en el que estarían todos los partidos del arco parlamentario –excepto los nacionalistas–, presidido por el general Alfonso Armada, secretario general de la Casa del Rey durante 17 años, miembro de la alta burguesía y lo opuesto a un exaltado. Aquel 'plan renove' recibió el nombre de Solución Armada.

Según el historiador, "desde el sector económico de esa élite salió la apuesta más clara" en favor de la Solución. "Un joven empresario, Juan Rosell, que presidiría la CEOE entre 2010 y 2018, describió en la obra España en dirección equivocada una operación – ‘excepcional, pero la única posible’– similar a la encabezada por el general De Gaulle en 1958". Pero como Muñoz Bolaños es académico puntilloso, matiza que "no se puede hablar de una trama civil del golpe del 23-F, sino de un proyecto de transición paralela con un componente militar". Oído.

El proyecto se aterrizaría, convinieron, de la manera siguiente: tras una moción de censura a Suárez, un grupo de diputados de la UCD propondría a Armada como candidato, para que socialistas y comunistas pudieran votarle sin que les sacara los colores.

LA ÉLITE QUE QUISO TUMBAR A SUÁREZ

Según Roberto Muñoz Bolaños, no habría existido el golpe del 23-F si previamente una élite no hubiera decidido que Adolfo Suárez ponía en jaque sus privilegios con la legalización del PCE y el rumbo hacia un Estado del bienestar. El experto dibuja el quién es quién.

Luis María Ansón. Presidente de la agencia EFE. Partidario de "un franquismo sin Franco" y amigo del general Armada, fue el organizador de los almuerzos y cenas de la élite contraria al cariz 'social' del presidente Suárez . En el planeado gobierno de concentración nacional estaba previsto que tendría una cartera.

Juan Miguel Villar Mir. Empresario. Ministro de Hacienda con Arias Navarro (1975-76) y hombre de confianza del Rey, apareció en los cenáculos como favorito para sustituir a Suárez.

Carlos Pérez de Bricio. Empresario. Ministro de Industria con Arias Navarro y Suárez (1975-77), fue otro de los independientes que se barajó para encabezar u Ejecutivo técnico.

Luis Valls Taberner. Banquero. Presidente del Banco Popular, según Muñoz Bolaños, "Ruiz-Mateos le entregó mil millones de pesetas para 'tapar bocas por el golpe de Estado'".

Alfonso Escámez. Banquero. El presidente del Banco Central, senador por designación real, fue otro de los favoritos en las quinielas previas a la Solución Armada.

Jaime Carvajal. Banquero. El presidente del Banco Urquijo, íntimo del rey Juan Carlos y también senador por designación real, fue otro habitual de los cenáculos.

Federico Silva Muñoz. Presidente de Campsa. Exministro de Obras Públicas durante la dictadura, era un apreciado miembro de la federación de partidos de AP, liderada por Fraga.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Ansón, Villar Mir, Pérez de Bricio y Valls Taberner (de pie) con su hermano Javier.

Ansón, Villar Mir (arriba), Pérez de Bricio y Valls Taberner.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Ansón, Villar Mir, Pérez de Bricio y Valls Taberner (de pie) con su hermano Javier.

Ansón, Villar Mir (arriba), Pérez de Bricio y Valls Taberner.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Ansón, Villar Mir, Pérez de Bricio y Valls Taberner (de pie) con su hermano Javier.

Ansón, Villar Mir (arriba), Pérez de Bricio y Valls Taberner.

Escámez, Carvajal y Silva.

Escámez, Carvajal y Silva.

Laureano López Rodó. Jurista. Exministro franquista, en 1979 abandonó la política por desacuerdos con AP. Milans del Bosch le atribuye la autoría de un informe contrario a los estatutos de autonomía.

José María López de Letona. Banquero. Exministro franquista y exgobernador del Banco de España, sería el vicepresidente para Asuntos Económicos del planeado Gobierno de concentración.

Juan Rosell. Empresario. En 1980 escribió la obra España en dirección equivocada, en la que defiende una operación similar a la de De Gaulle , en la que espejea la Solución Armada.

Carlos Ferrer Salat. Empresario. El presidente de la CEOE, "responsable del endurecimiento de la negociación colectiva en 1979 y 1980", sería ministro en el Gabinete de Armada.

Carlos March Delgado. Empresario. Nieto de Juan March Ordinas (fundador de la Banca March). Según el historiador, organizó cenas con idéntico propósito que las de Ansón.

Max Mazin. Empresario. Clave en la institucionalización de la comunidad judía española, encabezó el equipo fundador de la actual Confederación Empresarial de Madrid y era vicepresidente de la CEOE.

Alberto Monreal Luque. Presidente de Tabacalera. Exministro de Hacienda (1969-1973) , fue cesado tras impulsar un informe para una futura reforma fiscal. Su nombre sonó como uno de los tecnócratas para presidir el Gobierno.

Juan María de Peñaranda y Algar. Agente del SECED (luego CESID). La presencia del comandante en los cenáculos "demuestra la conexión desde el inicio de la transición paralela con la élite civil y los planificadores", según Muñoz Bolaños.

Gregorio López Bravo. Político. Exministro franquista, dejó la política en 1978 en protesta por la entrada en vigor de la Constitución. Fue el favorito para sustituir a Suárez entre 1977 y 1979.

Álvaro Lacalle Leloup. General de artillería. Crítico con el proceso de cambio político, tenía relación con los miembros civiles de la transición paralela, con Armada y con los agentes del CESID que iban a las reuniones de Ansón.

López Rodó, López de Letona y Rosell.

López Rodó, López de Letona y Rosell.

Ferrer Salat, March y Mazin.

Ferrer Salat, Marchy y Mazin.

Ferrer Salat, March y Mazin.

Ferrer Salat, March y Mazin.

Monreal, Peñaranda, López Bravo y Lacalle Leloup.

Monreal, Peñaranda, López Bravo y Lacalle Leloup.

3-¿EL REY CONOCÍA EL PLAN?

"El proyecto no se habría podido llevar a cabo si no contara con la no-oposición del Rey", mide sus palabras el historiador. "En la vista oral, Milans del Bosch afirma que ‘lo que pretendía Armada era poner en marcha su solución, que era de público conocimiento…’». Y el fiscal, zas, le corta y le cambia de pregunta. "De público conocimiento –matiza el experto– significa que el Rey sabía de la Solución Armada, pero también el PSOE, la UCD, Coalición Democrática... Todos se habían reunido con Armada". También, según los papeles, Milans afirma que "el Rey se inclinaba por un cambio de Gobierno civil", mientras que "la Reina prefería un gobierno de militares", extremo este que el historiador pone en tela de juicio.

Ahora bien, ¿cómo prohombres de la izquierda podían haberse reunido de tapadillo con Armada? Según Muñoz Bolaños, agentes del CESID, como el comandante José Luis Cortina, "en contacto con los planificadores desde 1977", habían fabricado una telaraña de influencia sobre medios de comunicación de la extrema derecha -el semanario El Heraldo Español y el diario El Alcázar-, con el fin de avivar la psicosis de un inminente golpe militar. Todo quisque acabó oyendo ruido de sables e interiorizando que la involución militar solo se podía evitar "si uno de ellos llegaba a la presidencia". (Ninguno, insiste hasta la extenuación el experto, habría avalado el tejerazo).

4- LA GRAN INCÓGNITA

"La incógnita por despejar es qué pasó entre el 3 y el 12 de febrero de 1981". El 3 fue un día en el que Armada se comporta de manera rara. 1/ El Rey le llama desde Barajas, antes de volar a la que sería su primera y crispada visita oficial a Euskadi, y le comunica: "Alfonso, te han elegido segundo jefe del Estado Mayor, te trasladan a Madrid". 2/ Al cabo de unas horas, en Lleida, Armada confiesa al coronel Diego Ibáñez Inglés, un hombre de Milans del Bosch: "Los poderes fácticos de la nación me han elegido presidente del Gobierno, ¡reza por mí a la Virgen de los Desamparados!". Y 3/ Por la noche acude a una cena organizada por Jordi Pujol, en la que Marta Ferrusola le pregunta "general, ¿qué le parece como presidente Calvo Sotelo?", y él responde: "Señora, no creo que Calvo Sotelo sea presidente de Gobierno".

Pero el 12 de febrero el candidato ES Leopoldo Calvo Sotelo. "Suárez y Pío Cabanillas jugaron muy fuerte y le propusieron a él –explica Muñoz Bolaños–, de manera que los afines a Armada quedaron imposibilitados" para llevar a cabo su proyecto. Algo "se torció" en la mente del general.

El 13, según el experto, Juan Carlos I y Armada mantuvieron una entrevista en la que el militar le informó: "No tengo seguridad completa, pero creo que en alguna Región, que podía ser la II o la III, quieren dar un golpe y, aprovechando, Tejero haría algo en Madrid". (Cuando Armada fue procesado, señala Muñoz Bolaños, solicitó al Monarca autorización para emplear aquella conversación en la Zarzuela en su defensa y recibió un no por respuesta). "Es probable que el Rey autorizara a Armada a reconducir cualquier intentona –sospecha el historiador–, y es posible que Armada entendiese la autorización en un sentido laxo, y lo que acabó haciendo fue unirse al golpe de Tejero".

18.25. Gutiérrez Mellado se enfrenta a los golpistas.

5- EEUU Y EL VATICANO, AL TANTO

Armada se había encontrado con el embajador de EEUU, Terence Todman –en la Navidad del 80 pasó un día en su finca de Santa Cruz de Rivadulla (La Coruña)–, y Washington, que estaba al tanto "de todas las operaciones de la Transición paralelas desde 1977", supo que "un hombre del CSID había informado de que la operación de Tejero se produciría el lunes 23". El Vaticano también manejaba información. "Presuntamente, el comandante José Luis Cortina Prieto había filtrado datos a algunos miembros del episcopado".

Ambas cosas, según Muñoz Bolaños, explican que el 23-F todas las bases norteamericanas amanecieran en alerta y que en Lisboa hubiera un avión AWACS listo para captar comunicaciones. O que la Conferencia Episcopal permaneciera todo el día "reunida y aislada" en la Casa de Ejercicios del Pinar de Chamartín. "No hicieron ninguna manifestación en favor de la democracia hasta el 24-F, argumentando que 'solo tenían un teléfono' –explica el historiador–. De hecho, José María Martín Patino, obispo auxiliar de Madrid, quiso hacer una nota oficial y el cardenal Narcís Jubany le respondió: '¿Por qué no la lanzas tú solo, como cosa tuya?'".

6- DE PLAN POLÍTICO A SAINETE

Al parecer, Armada aspiraba "a que Tejero entrara en el Parlamento, interrumpiera la votación de investidura y cortara la comunicación con el exterior". Sin violencia. Él se proponía presidente y santas pascuas. Pero el guardia civil, "que no tenía ningún conocimiento de la operación que había detrás, hizo lo que le dio la gana". Al saltar el nombre de Leopoldo Calvo Sotelo, había dado por sentado que la vía Armada estaba muerta.

Cuando empezó el pim pam pum, a todos –élite, partidos políticos y el propio Rey– se les hizo un nudo en el estómago. Aquello podía salpicarles. "Si el golpe salía mal, habría un proceso judicial y saldría el nombre del Rey, y si salía bien, el Rey aparecería como instigador". Juan Carlos se devanó los sesos buscando una solución que evitara el proceso judicial. La primera, según el sumario, fue que Armada fuera al Congreso y se propusiera "a título personal" como presidente de un gobierno de concentración y, paralelamente, Tejero saliera al exilio en un avión preparado en Getafe y "unos 100 millones de pesetas", según contó su abogado. No habría consecuencias para nadie. Pero la idea se fue al traste a las 22.25, cuando empezaron los disparos. "Una operación política muy compleja quedó reducida a un sainete".

22.00 horas. Milans del Bosch saca 60 carros.

Según los papeles, pasada la medianoche, al explicar a Tejero la propuesta que quería realizar a los diputados, "Armada cometió el error de mostrarle la lista del Gobierno de concentración" –en el que figuraban carteras para Felipe González, Enrique Múgica y Jordi Solé Tura– y el de la Benemérita, que quería una junta militar presidida por Milans, entró en un estado de indignación del que no salió más. (En el juicio dirá: "Lo que yo quisiera es que alguien me explique lo del 23-F... porque no lo entiendo").

7- UN CIERRE COMPLICADO

A la una de la madrugada del 24-F todo se fue al traste. "Por poco". En el momento en que se comprobó que Armada estaba implicado en el enredo, el Rey dio con una fórmula ignífuga. "Actuó como escudo protector de todos los que habían hablado con el general, empresarios, partidos, él mismo", afirma el historiador. Lo que vino después es el reset, la versión oficial y la luz verde para que aquella élite financiera y política siguiera con sus vidas y haciendas.

Armada, el gran perdedor.

Armada, el gran perdedor.

Los diputados abandonan el Congreso a las diez de la mañana tras fracasar el golpe.

Los diputados abandonan el Congreso a las diez de la mañana tras fracasar el golpe.

Manifestación en la plaza de Sant Jaume de Barcelona en rechazo por el golpe del 23-F y por el Estatut y las libertades, el 27 de febrero del 81. Foto: Agustí Carbonell.

Manifestación en la plaza de Sant Jaume de Barcelona en rechazo por el golpe del 23-F y por el Estatut y las libertades, el 27 de febrero del 81. Foto: Agustí Carbonell.

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Armada, el gran perdedor.

Armada, el gran perdedor.

Los diputados abandonan el Congreso a las diez de la mañana tras fracasar el golpe.

Los diputados abandonan el Congreso a las diez de la mañana tras fracasar el golpe.

Manifestación en la plaza de Sant Jaume de Barcelona en rechazo por el golpe del 23-F y por el Estatut y las libertades, el 27 de febrero del 81. Foto: Agustí Carbonell.

Manifestación en la plaza de Sant Jaume de Barcelona en rechazo por el golpe del 23-F y por el Estatut y las libertades, el 27 de febrero del 81. Foto: Agustí Carbonell.