“¿Tan difícil es entender que nuestro pequeño tiene dos mamás gracias a un donante anónimo?”

Cecilia Vega |

Esta es una de las cuestiones que se plantea en la guía “Mamás2, un completo manual sobre reproducción asistida y familias de dos mamás con el que las clínicas de fertilidad IVI quieren ayudar a esas “mujeres que son pareja, se aman y se atreven a dar el paso de ser madres”. Conozcamos a una de ellas.

Carla Montaner y su hijo Kay

Carla Montaner tiene 30 años, vive en Barcelona, es profesora de educación infantil y madre de Kay, un bebé de 10 meses que tuvo con su mujer, Carla Martínez. Forman parte de esa explosión de parejas de mujeres que deciden ser mamás gracias a los tratamientos de reproducción asistida. En España y según el último informe publicado por IVI, este perfil ha crecido un 241% en el último lustro. “Y la tendencia va a continuar durante los próximos años”, apuntan en su nueva “Guía para familias de dos mamás”.

IVI, que este año celebra su 30 aniversario, ha realizado 12.000 ciclos de reproducción asistida entre 2015 y 2019 solo en sus clínicas en Cataluña. En este mismo periodo atendieron a más de 2.800 mujeres solteras y a 400 parejas de mujeres. Según explica el Dr. Agustín Ballesteros, director de IVI Barcelona, IVI Lleida e IVI Girona, “la medicina reproductiva ha contribuido a la creación de nuevos modelos de familia. En IVI llevamos muchos años recibiendo a estas pacientes, que muchas veces acuden con dudas e inseguridades, a las que hemos querido dar una respuesta, primero con la "La mejor decisión: guía para madres solteras" y ahora con una guía para familias de dos mamás, que sirven como herramientas durante todo el proceso de creación de su familia”.

Resuelve tus dudas sobre los tratamientos de reproducción asistida, aspectos legislativos, el momento de contarlo a los seres queridos, e incluso el de desvelar a los hijos sus orígenes. Incluye entrevistas a psicólogas y testimonios reales de parejas de mujeres que han sido madres gracias a la reproducción asistida.

¿Qué alternativas de reproducción asistida existen?

Cuando se trata de parejas de mujeres, el tratamiento elegido para lograr el embarazo depende fundamentalmente “de la edad de las pacientes y la fertilidad de ambas”, afirma el especialista. Partiendo siempre de la necesidad de una muestra de semen de un donante, las alternativas que se barajan y que se explican ampliamente en “Mamás2: Guía para familias de dos mamás”, son la inseminación artificial (introducción de esperma, debidamente procesado, en el útero de la mujer), la fecundación in vitro convencional (se extraen óvulos de la paciente, se fecundan en laboratorio y posteriormente, se deposita el embrión de mayor calidad en el interior del útero y el método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja).

Dr. Agustín Ballesteros, director de IVI Barcelona, IVI Lleida e IVI Girona
Para el experto, este último procedimiento de fecundación in vitro, donde una paciente aporta el óvulo y, por tanto, los genes, y la otra lleva a cabo el embarazo y trae el bebé al mundo “fue un avance muy importante pues permite a las pacientes compartir de forma más activa la maternidad”.

Es el caso de Kay y sus dos madres. “Desde bien pequeña quería ser madre -recuerda Carla Montaner- y mis padres me decían ‘¿y si no te echas novio?’. La vida hizo que en lugar de tener novio tuviera novia y ella también quería tener hijos, así que una vez nos casamos y tomamos la decisión, hará unos tres años, empezamos a informarnos en Internet, buscábamos hashtags en Instagram tipo #dosmamás, #dosmamis, #métodoROPA… hasta que ya nos pusimos a mirar clínicas”.

Como destaca Carla, el centro con mejor valoración y más recomendado era IVI así que acudieron a una de las clínicas y tras una primera cita “que duró tres horas” salieron decididas a empezar su aventura. “Íbamos con inseguridades y miedos, no sabíamos exactamente en qué consistía el método ROPA, si podríamos llevarlo a cabo tanto a nivel físico como económico, cómo nos iban a tratar… pero vimos que todo estaba tan establecido, tan normalizado y nos sentimos tan cómodas que ese día se despejaron todas las dudas”, resume.

Dudas y temores frecuentes

Diana Guerra, responsable de la Unidad de Psicología de la clínica IVI Barcelona
“Las mujeres lesbianas suelen estar mucho más serenas y convencidas de lo que hacen que las parejas heterosexuales, pero aun así cuando acuden a nosotros hay incertidumbres y temores claros que se repiten -explica Diana Guerra, responsable de la Unidad de Psicología de la clínica IVI Barcelona. Uno es sobre el donante de semen, se preguntan si todo va a estar bien, cómo se escogerá al mejor donante y si el bebé se parecerá a ellas. Incluso hemos tenido alguna petición sobre si el gameto podía ser del hermano de una de ellas para que de manera genética las dos familias estuvieran presentes, algo que no es posible. Otro es el miedo habitual a que el proceso no salga bien: ‘¿va a tener éxito?’, ‘¿tendremos un hijo finalmente?’ Y, además, se preguntan qué pasará en el futuro, cómo va a recibir y gestionar su hijo o hija la diferencia con otros niños”.

Sobre el primer temor, continúa explicando Diana Guerra, “lo primero que intentamos explicarles es que al utilizar semen de un donante estamos garantizando que la genética es buena”. La ley española establece que las donaciones de semen son altruistas y anónimas y los donantes pasan por exhaustivos estudios. Cuando una mujer requiere el uso de una muestra se cruzan los grupos sanguíneos, los datos genéticos y las características físicas de ambos para buscar la mayor similitud y evitar el riesgo de transmitir problemas genéticos a la descendencia.

En cuanto a las tasas de éxito de los métodos de reproducción asistida, la experta recuerda que dependerán del diagnóstico reproductivo de las dos mujeres de la pareja y, por ello, un especialista en fertilidad estudia cada caso para prescribir el tratamiento personalizado más adecuado.

Y en relación a la última duda, sobre la aceptación de los hijos de madres lesbianas de su modelo de familia, Diana Guerra resalta: “estos niños tienen más ventajas que los de parejas heterosexuales que recurren a la reproducción asistida porque saben desde el principio que sus mamás han necesitado ayuda para poder ser madres y les aconsejamos que se lo expliquen abiertamente desde el cariño y el amor y no hablen de un papá, sino de un donante”.

Mamá y mami frente a la sociedad

“Siempre que se pueda, la maternidad compartida nos parece la vía ideal. El poder participar las dos de traer una vida al mundo es mágico y también lo va a ser contárselo a nuestro hijo: ‘Mira Kay, estuviste en el cuerpo de mami, después gracias a un donante y a la ciencia pasaste unos días en el laboratorio, luego viniste al cuerpo de mamá y yo te acogí 8 meses y medio hasta el momento de nacer’”, explica con entusiasmo Carla Montaner. Ella es, por tanto, la “mamá” y su mujer, la “mami”. Así se nombran entre ellas y también lo usan sus familiares para que muy pronto Kay lo repita. “Es muy importante que los niños nos puedan diferenciar desde pequeños porque si no acaban diciendo mamá Amanda y mamá Juana y ¡ostras, imagínate en nuestro caso que nos llamamos igual! Entonces seríamos mamá Carla pelo largo y mamá Carla pelo corto… ¿te imaginas? Entonces ya no tendríamos opción de cambiar de look”, apunta entre risas.

Carla Montaner y su mujer Carla Martinez junto a su hijo Kay

“La verdad es que lo llevamos muy bien y la maternidad, con sus cosas buenas y sus dificultades, nos está haciendo descubrir una parte de nosotras que no conocíamos... El camino puede no ser fácil, hay altos y bajos, pero merece la pena. Mirando atrás todo el proceso ha sido muy dulce y bonito, el positivo, las ecografías, las primeras pataditas, el nacimiento de Kay, el día a día con él…”, enumera Carla, al tiempo que anima a las mujeres en su situación a ser valientes, confiar en ellas mismas, en los profesionales y dar el paso.

Pero, ¿y qué ocurre con la sociedad? ¿Estamos preparados para este nuevo modelo de familia homoparental? “La gente tiene muy claro que nosotras somos las mamás de Kay pero aun así prima el modelo clásico de familia y, por eso, en varias ocasiones nos han preguntado por el ‘padre’ de nuestro hijo y yo digo ‘¿padre?, ¿qué padre? ¿tan difícil es entender que nuestro pequeño tiene dos mamás gracias a un donante anónimo?’ No se es padre por el mero hecho de poner el esperma, sino que padre es quien educa y está a lo largo de crecimiento del niño. Por suerte vivimos en una sociedad amable y bastante tolerante así que nos tomamos con humor estas situaciones”, responde Carla.

Familias diversas, el mismo amor

Kay no tiene padre, no hay una figura paterna, y esto no repercutirá negativamente ni en su modelo de crianza ni en su desarrollo emocional, educativo y psicosocial. Según los estudios realizados hasta el momento y a los que se refiere la doctora Diana Guerra, los niños y niñas que crecen en familias homosexuales lo hacen de forma sana, positiva y absolutamente normalizada. Además, poseen buenos conocimientos de los roles de género y están seguros de su identidad sexual.

Inválidos son, por tanto, argumentos en contra de estas familias que esgrimían que los hijos de mujeres lesbianas serían menos masculinos y las hijas menos femeninas y que, en el futuro, tendrían más posibilidades de ser homosexuales. “Nosotras tenemos suerte y en nuestro entorno no se escuchan estas ‘animaladas’ aunque sí es verdad que puntualmente nos han preguntado si le íbamos a enseñar a hacer pipí sentado o que quién le iba a enseñar a afeitarse…”, comenta Carla. En este sentido tanto la mamá como la psicóloga coinciden en subrayar el hecho de que “aunque en una familia no haya papá esto no significa que los niños carezcan de figuras masculinas de referencia, pues siempre hay tíos, primos, abuelos, amigos, educadores…”.

“Como profesora yo veo muchísimos modelos de familia, con dos mamás, dos papás, dos mamás y un papá, dos papás y una mamá, una sola mamá… y a los niños no les sorprende”, apunta Carla. Lo que debe quedar claro, como se recoge en “Mamás2: Guía para familias de dos mamás”, es que el desarrollo de los pequeños no tiene que ver con el género ni con la orientación sexual de los progenitores sino con el afecto, el estímulo y el amor. La estructura familiar no es la que define la “calidad” de la misma sino las relaciones que se establecen dentro de ella y el vínculo con el hijo o hija.

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