¿Ser cigarra o ser hormiga? ¿O por qué no un poco de las dos?

Después de atravesar la cuesta más dura de la pandemia, toca pensar en la reactivación económica, cosa que puede ocasionar dudas en las familias de si ha llegado la hora de aumentar el consumo o es mejor seguir ahorrando. Para resolver las dudas los expertos ponen sobre la mesa distintos conceptos que han llegado para quedarse: salud financiera y consumo consciente.

por Xavi Datzira

En un rincón del ring, la cigarra se pavonea, enseña sus músculos al público y hace gala de un atrevimiento que le ha llevado a los más alto del ‘ranking’ de los pesos pluma (aunque también le ha ocasionado un buen número de moratones). Al otro lado, la hormiga, tímida y cautelosa, que en silencio ha ido escalando posiciones, batiendo a sus rivales a base de paciencia, esperando a que estuvieran agotados para atestarles el directo que les hace besar la lona.

Un combate de boxeo que es una actualización del cuento infantil de ‘La Cigarra y la Hormiga’, con su moraleja por todos aprendida de pequeños: el ahorrador siempre está mejor preparado para los tiempos duros.

Y es totalmente cierto, como se ha podido comprobar desde la llegada de la covid-19. Las familias, las comercios y las empresas con las cuentas saneadas han podido resistir las restricciones mucho mejor, que no aquellas que iban al límite. ¿Eso quiere decir que la ahorradora hormiga ganará siempre todas las peleas? No tiene por qué. De hecho, los expertos en planificación económica hablan del concepto de salud financiera, que significa tener una visión panorámica de las finanzas personales para adaptar las decisiones a la situación propia y global. Y, siguiendo con la analogía del boxeo, a veces hay que atacar y otras, protegerse.

Aquí entra en juego la llamada regla del ‘50-30-20’, que aconseja dividir los ingresos en tres tipos de gastos diferentes:

  1. - La mitad (50%) ha de estar destinada a cubrir necesidades básicas, como la vivienda, la energía, la alimentación o la educación.

  2. - El 30 % de los gastos debe ir a aquello que se denomina útil o atractivo, pero no imprescindible, como ocio, vacaciones o desarrollo personal.

  3. - El 20 % de los ingresos es aconsejable ahorrarlos, si puede ser, en una cuenta aparte que genere algo de rentabilidad. En todo caso, este ahorro sistemático permitirá estar mejor preparado para afrontar gastos imprevistos o cumplir con los objetivos que alguien se quiera marcar, como cambiar de vivienda, cursar un máster o la jubilación, por ejemplo.

Decisiones adecuadas a cada momento

Esta regla, obviamente, no se tiene que seguir a rajatabla, pero si que es conveniente mantener al día el conocimiento sobre los ingresos y los gastos, y actuar en consecuencia. Eso quiere decir que hay que actuar si se gasta más de los que se ingresa, para no convertirnos en cigarras sin capacidad de afrontar los tiempos más duros. Pero también funciona en sentido contrario, ser hormigas que solo piensan en acumular tampoco es bueno ni para la propia calidad de vida ni para la economía. De ahí la importancia de planificar, prever y tomar las decisiones adecuadas en cada momento.

Tras superar la principal cuesta de la pandemia, además, como sociedad toca afrontar la recuperación de la economía a través de la reactivación del gasto después de una época de ahorro forzado (porque no había donde gastar o bien por las consecuencias negativas de las restricciones en forma de ERTE’s o paro). Según la consultora McKinsey Global Institute, el gasto de los españoles llegara a los niveles de producto interior bruto de antes de la covid-19 en algún momento de 2022. Eso sí, también refleja que los consumidores españoles son un poco menos optimistas que los de otras partes de Europa.

Al mismo tiempo, los informes sobre recuperación del consumo reflejan una recuperación desigual, tanto por sectores como por familias de ingresos altos y medios o aquellas con salarios bajos. Además de la necesidad de políticas públicas que contrapongan esta desigualdad, a nivel personal es necesario más que nunca ser conscientes de si es necesario actuar como una hormiga (ahorrando) o como una cigarra (no derrochando, pero sí generando cierto movimiento económico).

Consumo responsable

Otro de los conceptos que ha reforzado la pandemia, y que estaría muy bien que permaneciese para siempre en el imaginario colectivo, es el del consumo responsable o consciente. Es decir, no es tan importante si eres cigarra u hormiga (o un poco de los dos), lo importante es si tus decisiones económicas o financieras tienen consecuencias positivas en la sociedad y el entorno. Y eso sirve tanto para el consumo (alimentación, moda, movilidad…) como para el ahorro (inversiones en economía verde).

De hecho, un informe de la consultora Accenture presentado recientemente revela que la pandemia está haciendo que los consumidores piensen más en el impacto que sus decisiones de compra suponen para el medio ambiente y la sociedad en general. Y esto se traduce en un mayor interés por la procedencia de los ingredientes y las materias primas, las condiciones laborales, el impacto ambiental de los productos, el reciclaje del empaquetado… Según el informe “ya no es suficiente que las marcas hablen de responsabilidad en general, necesitan adoptar prácticas ambientales, sociales y de gobernanza, que contribuyan al cumplimiento de los ODS de Naciones Unidas y la mitigación de emisiones”.

El combate, por lo tanto, ya no tiene nada que ver con dos formas de entender la vida y la economía, porque ambas pueden unirse. Según la idea de salud financiera, a veces hay que ser cigarra (nunca entendida como derrochadora, pero sí con cierto atrevimiento) y a veces, hormiga. Consumo y ahorro, siempre en base a la situación personal de cada uno y el contexto global. Y, en cualquier caso, actuar siempre con responsabilidad, pensando que cualquier decisión de compra, por inocua que parezca, siempre tiene un impacto sobre la sociedad y el planeta. Y este es, seguramente, el combate más importante que tendremos que afrontar en los próximos años.

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