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Un plan para repensar la ciudad metropolitana

El futuro Plan Director Urbanístico metropolitano apuesta por construir una metrópolis saludable, eficiente y cohesionada, para mejorar la calidad de vida de las personas

Un nuevo urbanismo para la Barcelona metropolitana

La forma de organizar las ciudades, los espacios verdes, los recursos o las infraestructuras nos afecta mucho más de lo que pensamos. El medio ambiente, la movilidad o la calidad del espacio público de nuestras ciudades están directamente relacionados con su ordenación.

Hasta ahora, el Plan General Metropolitano (PGM 1976) ha sido, y aún es, el instrumento que se ha concentrado en el empleo de nuevos espacios para el crecimiento urbano y la implantación de infraestructuras y servicios. Ahora el Plan Director Urbanístico (PDU) (urbanisme.amb.cat/) metropolitano deberá actuar en la ciudad ya construida, atendiendo a otros retos como la renovación urbana, la disminución de las desigualdades de los tejidos y la mejora de la biodiversidad del sistema de espacios abiertos.

El PDU es la herramienta que permitirá analizar la metrópolis, repensarla e introducir los cambios necesarios para que los más de 3,2 millones de habitantes del área metropolitana de Barcelona puedan vivir mejor. Este nuevo urbanismo debe proponer actuaciones y estrategias para transformar la metrópolis en una ciudad más autosuficiente, más cohesionada y pensada para las personas, capaz de abordar los retos que plantea el cambio climático, la transición energética y las nuevas demandas sociales.

A la vez debe hacer frente a las nuevas necesidades tecnológicas y garantizar la calidad de vida de forma equilibrada y repartida en todo el territorio metropolitano. Se plantea, pues, una planificación urbanística que se aborda a partir de una reflexión transversal e integradora, como uno de los instrumentos necesarios para poder alcanzar el modelo de metrópolis deseado.

¿En qué aspectos puede mejorar la calidad de vida el PDU?

  • Movilidad: el PDU apuesta por una metrópolis más compacta, accesible, y pensada para los peatones y ciclistas. Se trata de acercar las actividades a las personas situando el transporte público como eje principal de transformación metropolitana.
  • Metrópolis policéntrica: se potenciarán los diferentes espacios centrales y se crearán otros nuevos con equipamientos, áreas productivas y espacios para actividades de ocio, por lo que todos los ciudadanos tengan garantizada la proximidad a un centro
  • Infraestructura verde: se preservará y maximizará la biodiversidad de nuestro paisaje mediterráneo para garantizar los procesos ecológicos y la heterogeneidad del paisaje. Es necesario que la infraestructura verde se infiltre en la ciudad de forma que podamos disfrutar de los beneficios ambientales de los espacios abiertos cerca de casa.
  • Metabolismo urbano: será un urbanismo que también pensara en el funcionamiento de los flujos constantes de alimentos, materias primas, energía, agua y personas. El PDU asegurará la relación y la convivencia entre todas las infraestructuras -la ecológica, la de movilidad y también las redes de servicios metropolitanos, para garantizar el ciclo integral del agua, de los residuos y de la energía.
  • Tejidos urbanos: hace falta equilibrar los tejidos residenciales según sus capacidades reales, con el fin de mejorar las condiciones de vida, la habitabilidad y el acceso a servicios, dotaciones i otras actividades beneficiosas para los ciudadanos.

¿En qué aspectos puede mejorar la calidad de vida el PDU?

Una apuesta por la regeneración urbana

“No podemos seguir consumiendo suelo”, afirma Gemma Bahía, responsable de Urbanismo de Corbera de Llobregat. “Es hora de mirar hacia dentro y ver cómo podemos optimizar, mejorar y terminar nuestras ciudades”.

La anterior herramienta de planeamiento, el PGM de 1976, sirvió para expandir y modernizar la metrópolis y su sistema territorial. Además, permitió construir la ciudad que tenemos hoy en día: una metrópolis de ciudades de gran relevancia europea. Sin embargo, los expertos consideran que el plan ya está obsoleto y es momento de hacer un cambio.

Después de 40 años de expansión, el futuro PDU quiere apostar por una nueva forma de entender la metrópolis de Barcelona. Es el momento de reflexionar sobre el futuro que queremos para la ciudad metropolitana. ¿Cómo queremos que sean los espacios verdes, la política de vivienda o el transporte público? ¿Cómo podríamos mejorar la eficiencia de los tejidos urbanos y la habitabilidad de los municipios? Los técnicos de los ayuntamientos, los expertos independientes y los ciudadanos metropolitanos deben dar su opinión para poder definir cómo queremos que sea la metrópolis del futuro.

Hay nuevas necesidades urbanas, tecnológicas, ambientales, sociales y económicas que requieren un nuevo enfoque. Las ciudades ya están construidas, ahora hay que mejorarlas renovando espacios urbanos, disminuyendo las desigualdades de los municipios y mejorando la biodiversidad de los espacios abiertos.

El valor de los espacios verdes y los límites urbanos

Los espacios naturales del área metropolitana de Barcelona son un auténtico tesoro ecológico y paisajístico: conviven más de 5.300 especies en 60 hábitats diferentes. De los 636 km² que forman el territorio metropolitano, el 52% del territorio corresponde a espacios abiertos. El PDU quiere preservar estas zonas y potenciar su infiltración dentro de las ciudades.

Según explica Antoni Farrero, ingeniero forestal y coordinador general de la Oficina Técnica de Gerencia de la AMB, la relación entre estos espacios y el resto de infraestructuras debe ser lo más armónica posible para que se complementen unos con otros.. “No es incompatible que haya una actividad económica con que seguimos poseyendo espacios de calidad”, asegura.

Cuando hablamos de estos espacios verdes nos referimos a zonas como Collserola, el Garraf, las playas metropolitanas, los parques urbanos o el Parque Agrario del Baix Llobregat. Sin embargo, también debemos incluir los balcones, las fachadas, las cubiertas, las calles y las plazas de los municipios. Todos estos espacios aportan grandes beneficios para el territorio, el medio ambiente y la salud de las personas.

Uno de los objetivos del PDU es fusionar naturaleza, espacio público y ciudad para que los espacios abiertos se infiltren en los municipios a través de un espacio público naturalizado. Los esfuerzos, además, se concentrarán en las áreas más vulnerables y con más oportunidades para reconectar la infraestructura verde y los límites urbanos. “No tenemos que entender, solamente, la conectividad ecológica como un espacio donde todas las zonas verdes se encuentran de forma continua”, añade Farrero. “Lo que hace falta es que tengan una relación y que haya conexiones ecológicas y visuales”.

Tú puedes opinar

La importancia de este proceso reside también en a construcción de una conciencia metropolitana, que se alimenta a través de la suma de las identidades municipales, las diferencias geográficas y la diversidad de los espacios que conviven en el territorio metropolitano.

Es por esto que la opinión de todos los ciudadanos del AMB es imprescindible para saber qué aspectos debería abordar o qué modificaciones del PDU mejorarían la calidad de vida de los ciudadanos. A su vez, es necesario adaptar el lenguaje técnico del planeamiento para que todo el mundo pueda comprender los cambios que supondrá.

A partir del segundo semestre del año 2018, está prevista una exposición itinerante por los diferentes municipios metropolitanos para explicar y facilitar a los vecinos la comprensión de los documentos técnicos que se vayan aprobando. “Aparte de la opinión de los agentes implicados en el territorio y de los expertos de diferentes disciplinas que inciden en él, es imprescindible abrir el proceso a la ciudadanía y captar su opinión”, señala Antoni Farrero.

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