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“Las escuelas deberían enseñar felicidad, bienestar y resiliencia”

Entrevista a Tal Ben-Shahar, profesor de Psicología Positiva en Harvard y ponente en el Congreso de Educación "Ciento Volando”, de SM.

Tal Ben-Shahar (1970) es profesor de Psicología Positiva en la Universidad de Harvard. De los ocho alumnos iniciales, ahora enseña a más de 1.500 alumnos por semestre, y su asignatura es la más popular de la universidad. Ben-Shahar es el ponente estrella del Congreso de Educación “Ciento Volando”, de SM, que se celebrará en formato online los días 14 y 15 de abril, donde ayudará a los profesores a descubrir la importancia de la felicidad en el aprendizaje y cómo alcanzarla.

“Ciento Volando” reúne a expertos educativos que hablarán sobre el bienestar emocional en el aula, los desafíos de la escuela del futuro, educar en la era digital o aprender a ser un ciudadano global. También contará con un gran número de profesores y directores que compartirán sus experiencias enriquecedoras en el aula y en los centros educativos para alcanzar ese “ciento Volando” con los pies en la tierra y la mirada en el horizonte.

Hoy día la felicidad es la gran meta que buscamos desesperadamente. ¿Qué es la felicidad?
Hay muchas definiciones de felicidad. Helen Keller escribió: "La única definición de felicidad es plenitud". Inspirado por Keller, la definiría como la experiencia del bienestar integral de la persona a través de cinco elementos: bienestar espiritual, físico, intelectual, relacional y emocional.

En su ponencia de la próxima semana en el Congreso de Educación “Ciento Volando”, de SM, hablará de cómo aumentar la felicidad en nuestra vida diaria. ¿Se puede aprender a ser feliz?
Absolutamente. El propósito de la ciencia de la felicidad es, en última instancia, ayudar a las personas y a las comunidades a aumentar los niveles de bienestar.

¿Cómo se educa en la felicidad? ¿Puede la escuela prepararnos desde pequeños para saber qué es la felicidad y cómo conseguirla?
Así como las escuelas enseñan matemáticas, literatura e historia, deberían enseñar felicidad, bienestar y resiliencia. La felicidad no solo es un bien en sí mismo, sino que también contribuye a mejorar las relaciones, la salud física e incluso a obtener mejores calificaciones.

¿Qué aporta el bienestar emocional a la hora de afrontar nuevos aprendizajes?
Las emociones positivas nos llevan a ser más abiertos y receptivos. Esto es fundamental para absorber nuevos aprendizajes. Cuando experimentamos emociones placenteras somos más creativos, nos sentimos más motivados, tenemos mejores relaciones y estamos más sanos físicamente. Las escuelas deben invertir en la felicidad de sus estudiantes como un fin en sí mismo, y también como un medio para lograr un mejor desarrollo.

¿Cuál es la base de una buena enseñanza?
La base de una buena enseñanza es ser un modelo a seguir. Los estudiantes necesitan maestros para ejemplificar el aprendizaje, el crecimiento y, por supuesto, el cuidado y la amabilidad. Cuando los propios maestros aprenden y crecen, es más probable que los estudiantes hagan lo mismo. Cuando los maestros demuestran cariño y amabilidad, es probable que los estudiantes sigan el ejemplo.

Como profesor, ¿qué técnicas o actividades enseñas a tus alumnos?
Les enseño la importancia de expresar gratitud, llevar un diario, hacer ejercicio con regularidad y aprender cosas nuevas continuamente. También enfatizo la importancia de aceptar y abrazar todas y cada una de las emociones, tanto la alegría como la tristeza. Finalmente, y lo más importante, les enseño que la bondad y la generosidad son la clave para hacer del mundo un lugar más feliz y mejor.

“La bondad y la generosidad son la clave para hacer del mundo un lugar más feliz y mejor”

El pasado año los alumnos tuvieron que seguir las clases desde casa, perdiendo así la relación y el juego con sus compañeros. ¿Qué aporta lo colectivo al aprendizaje?
El aprendizaje remoto tiene un precio muy alto; sin embargo, dado que no hay mucho que podamos hacer al respecto, debemos aprovecharlo al máximo. Esto significa cultivar las relaciones tanto como podamos manteniendo conversaciones profundas. Intercambiar emojis no es el camino a la profundidad; debatir un texto durante una hora ¡sí lo es!

Nuestra relación con la familia y los amigos también se dio a través de las pantallas. ¿Crees que nos pasará factura emocional?
Por desgracia, sí. La clave es no renunciar a las relaciones profundas, aunque sea a través de la tecnología.

La ciencia de la felicidad dice que las relaciones son lo más importante para una vida feliz. ¿Qué nos aportan los amigos?
Las relaciones son fundamentales para la felicidad verdadera y duradera. Hoy día, demasiadas personas dan prioridad al trabajo/dinero, y las relaciones pasan a un segundo plano. El tiempo con las personas que nos importan y que se preocupan por nosotros es fundamental para la felicidad. Y las relaciones deben ser reales. Mil amigos en las redes sociales no sustituyen al mejor amigo. Las interacciones cara a cara, sin la interferencia de la tecnología, son importantes. Y si no podemos encontrarnos cara a cara debido al distanciamiento social, entonces debemos hacer todo lo posible para mantener relaciones profundas en lugar de caer en la superficialidad.

Hablas del concepto “hermoso enemigo” cuando hablas de la amistad. ¿Necesitamos tener amigos que nos digan qué hacemos mal para mejorar?
Las personas que se preocupan por nosotros nos dicen lo que necesitamos escuchar, no necesariamente lo que nos hará sentir bien en ese momento. Así es como nos ayudan a crecer. Y, por supuesto, deberíamos hacer lo mismo por aquellos que nos importan.

La gratitud y el agradecimiento es uno de los pasos en el camino hacia esa felicidad soñada. ¿Qué conseguimos dando las gracias? ¿Somos una sociedad poco agradecida?
Para encontrar la felicidad en nuestra vida, necesitamos apreciar lo que ya tenemos; no dar por sentado las cosas buenas. El potencial de la felicidad está a nuestro alrededor: en nuestro trabajo, en nuestros lazos sociales y familiares, en nosotros mismos. Cuando apreciamos lo bueno en nuestra vida, lo bueno crece: nos volvemos más felices y exitosos. En nuestra sociedad, muchos de nosotros damos demasiadas cosas por sentado y, lamentablemente, cuando no apreciamos lo bueno, lo bueno se deprecia y tenemos menos.

“Cuando apreciamos lo bueno en nuestra vida, lo bueno crece: nos volvemos más felices y exitosos”

Las redes sociales, donde pasamos muchas horas al día, y más los jóvenes, nos muestran una especie de mundo perfecto. ¿Cómo nos afecta esta felicidad constante de los otros en redes sociales?
Una de las razones del aumento de la depresión y la ansiedad en la actualidad es que asumimos que todos los demás están teniendo una vida increíble todo el tiempo. Eso es lo que aprendemos sobre las personas a través de sus redes sociales. Y no queremos parecer anormales, así que ocultamos nuestra tristeza, ansiedad y miedo. "¿Cómo estás?", nos preguntan, y respondemos: "Oh, genial, ¿y tú?". Ponerse la máscara de la felicidad es, en última instancia, contraproducente, para nosotros y para los demás. El gran engaño está llevando a la gran depresión.

Uno de cada tres españoles ha reconocido que lloró debido a la pandemia, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, y esa cifra sube a la mitad cuando se habla de jóvenes. ¿Cómo podemos trabajar las emociones negativas que ha traído la pandemia como el miedo, la ansiedad, la incertidumbre?
Lo primero que debemos hacer cuando las cosas se ponen difíciles es darnos permiso para ser humanos, para abrazar cualquier emoción que surja, sin importar cuán desagradable o no deseada sea. En lugar de rechazar los sentimientos dolorosos, ya sea miedo o frustración, ansiedad o ira, es mejor permitir que sigan su curso natural. Entonces, ¿cómo expresamos nuestras emociones en lugar de reprimirlas? Podemos escribir un diario, escribir sobre lo que sea que estemos sintiendo. También podemos abrirnos, hablar, con personas en las que confiamos. Y, por supuesto, darnos el permiso para ser humanos puede significar abrir nuestras compuertas y llorar, en lugar de contener las lágrimas. La paradoja es que, para realizar nuestro potencial de felicidad, debemos permitir la infelicidad.

En la era del perfeccionismo y de la inmediatez no hay espacio para el fracaso. ¿Qué nos aporta fracasar? ¿Es fracasar el camino hacia la felicidad?
Aceptar y abrazar el fracaso es importante para la felicidad, así como para el éxito. Uno de los mantras que me repito a mí mismo y a mis alumnos es "aprender a fallar o fallar en aprender". Las personas exitosas, ya sea en las artes, los negocios o los deportes, reconocen que no hay otra forma de mejorar, de aprender, que el fracaso es la otra cara del éxito. A nadie le gusta fallar, pero si entendemos que es parte del viaje, entonces estamos más dispuestos a intentarlo, a arriesgarnos, a explorar. Como resultado, es más probable que tengamos éxito. No creo en atajos, ni en cinco sencillos pasos hacia el éxito o la felicidad.

No te pierdas su charla y las del resto de expertos educativos en el Congreso de Educación “Ciento Volando”, de SM, los próximos 14 y 15 de abril. Inscríbete aquí.

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