El Periódico

"Yo no solo veo un pecho nuevo, veo días de quimio y miedo"

AP/TORIN HALSEY

Mamografías para detectar tumores de mama.

Miércoles, 7 de noviembre del 2018 - 07:00 h

Le han cosido un pecho a mi hueco izquierdo que no tiene alma. Después de la mastectomía se quedó solo. Sin alma. Crucificado por una cicatriz, una prótesis y una sociedad que aún no habla. Que le da voz —y mucha– a los lazos rosas. A los pañuelos y a la lucha. Pero no habla del cáncer psicológico, ese que nos afecta a muchas. No antes ni durante el tratamiento, sino después del cáncer. Cuando se supone que deberíamos tener mucha vida. Mucho mundo por comernos. Muchas ganas y energía.

Tras tres años esperando, me han colocado un pecho en mi hueco. Aún no le quiero. Estoy aprendiendo a hacerlo. Quizá parezca de locos decir que estoy de duelo. Que me había acostumbrado a tener una cruz trazándome el pecho, una explanada como si allí no hubiese pasado nada. La huella del cáncer señalada. Y ahora que la sociedad me da el alta, tengo ganas de llorar, de gritar, de patalear… Porque yo no solo veo un pecho nuevo, veo días de quimio, compañeras que he conocido, y se han ido, veo esfuerzo, días sin mi hija, quirófano, pruebas, resultados, soledad, miedo. Mucho miedo. Veo que cada emoción tiene su tiempo. Y la sociedad aún no le ha dedicado un segundo a preguntarme cómo me siento después de haber vivido todo esto.

De momento, permitidme vivir mi duelo. Que las ganas de vivir no iban en el hueco. Las llevo, desde siempre, bien dentro.