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"La vivienda en España"

Archivo - Edificio de viviendas en venta

Archivo - Edificio de viviendas en venta / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

La vivienda en España está atrapada en una telaraña fiscal que encarece cada fase. En la construcción, la promotora paga IVA sobre materiales y servicios, ICIO municipal, tasas urbanísticas y costes de notaría y registro. Además, la declaración de obra nueva y la división horizontal son imprescindibles para poder vender los pisos por separado, lo que genera más gastos registrales, encareciendo artificialmente cada vivienda antes de que nadie la compre.

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En mi caso, comprando un piso de segunda mano en Catalunya de 78 m² por 240.000 €, el 10% de ITP (24.000 €) y unos 2.000 € de notaría y registro hacen que el desembolso real fuese de 266.000 €. Para venderlo y no perder dinero, tendría que pedir alrededor de 290.000 €, solo para recuperar lo invertido en impuestos y gastos, sin contar comisiones de la inmobiliaria.

Mientras tanto, el 7,5% de los ingresos fiscales del Estado provienen de gravar la vivienda, destinando apenas un 0,5% a políticas públicas de vivienda. La vivienda, ya construida o por construir, se ve obligada a subir de precio constantemente para que no se pierda dinero, evidenciando una inflación artificial impulsada por impuestos, tasas y la presión de intermediarios. Y, curiosamente, mucha gente solo recuerda el supuesto “derecho constitucional a la vivienda” para reclamarle a lo privado, nunca para cuestionar al Estado que se beneficia sistemáticamente de esta estructura.

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