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"Las viejas cotillas ganaron la batalla"

"Las viejas cotillas ganaron la batalla"

Albert Bertran

En tiempos donde la cotidianeidad es digitalizada. En tiempos donde el deseo, las fantasías, los anhelos, el mal estar y el bien estar circulan como en un discurso por las redes, me seduce una metáfora que materializa la actualidad de esos espías, husmeadores de las vidas ajenas. “Las viejas chusmas ganaron la batalla” es una metáfora que explica a claras como los acontecimientos sociales se resignifican con el paso del tiempo. Nos encontramos frente a una ventana digital, tantos portales y redes sociales que nos permiten el acceso a la vida diaria del otro. Del 'otro' con minúscula, del otro particular. Una ventana invisible que nos invita a espiar las vidas ajenas. Sabemos del 'statu quo' de quien vive al lado; la enfermedad que padece nuestro vecino; con quién se acuesta, cómo y cuántas veces; si vacaciona o no; su mal estar, su pesar, sus alegrías, sus experiencias y cómo lo vivencia; si es culpable o no. Nos pensamos sabelotodos de la novela del vecino.

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Hoy somos espiones infiltrados y habilitados por una sociedad que nos ha marcado el camino para serlo. Pensar que las viejas chusmas ganaron la batalla nos remite a pensarnos en el tiempo. Cuánto hemos criticado a doña Elvira y a doña Dora cuando hablaban de lo que sucedía en la cuadra y en algunas a la redonda. Eran las chusmas del barrio, las criticadas, incluso a las que se debían esquivar, porque a los rumores los aceitaban. Eran novelistas no declaradas, y pienso que quizá eso puede habernos seducido. En definitiva, ellas hacían aquello que siempre quisimos ser, pero lo hacían por fuera del 'marco legal'.

Hoy somos esas viejas cotillas de la cuadra, 'aggiornados', todos disfrazados de inocencia. Las viejas chusmas, cuando nos ganaron la batalla, nos mostraron que nunca las habíamos criticado a ellas por ser espionas. Era envidia. Queríamos ser un día como ellas. No era crítica. Siempre fue querer ser lo que “está siendo” el otro y no poder.

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