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"Venezuela: entre la dictadura y el imperialismo"

Caracas (Venezuela), 05/01/2026.- A handout photo made available by Miraflores Palace shows Venezuelas Vice President Delcy Rodriguez (L) being sworn in as the countrys acting president in Caracas, Venezuela, 05 January 2026. Rodriguez officially became Venezuelas interim president following the capture of Nicolas Maduro by US special forces on 03 January 2026. EFE/EPA/MIRAFLORES PALACE HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES. HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES

Caracas (Venezuela), 05/01/2026.- A handout photo made available by Miraflores Palace shows Venezuelas Vice President Delcy Rodriguez (L) being sworn in as the countrys acting president in Caracas, Venezuela, 05 January 2026. Rodriguez officially became Venezuelas interim president following the capture of Nicolas Maduro by US special forces on 03 January 2026. EFE/EPA/MIRAFLORES PALACE HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES. HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES / MIRAFLORES PALACE HANDOUT / EFE

La detención de Nicolás Maduro y de su esposa por parte del ejército de Estados Unidos no puede leerse como un hecho aislado ni como un gesto puramente judicial. Es un acontecimiento político de enorme calado que obliga a sostener dos ideas al mismo tiempo, aunque resulten incómodas.

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La primera es evidente: el chavismo convirtió a Venezuela en un laboratorio del desastre. Bajo su mando se consolidó una dictadura que anuló la separación de poderes, persiguió a la oposición, violó de forma sistemática los derechos humanos y permitió que el Estado se degradara hasta convivir con el narcotráfico, la corrupción estructural y redes criminales transnacionales. El resultado fue una tragedia humana: pobreza, exilio masivo y un país despojado de su dignidad.

La segunda idea exige mayor frialdad analítica. La intervención estadounidense no es un acto desinteresado ni moralmente neutro. El discurso de Donald Trump tras la detención, cargado de épica, autosatisfacción y referencias al éxito estratégico, delata una lógica de poder más que una preocupación genuina por la democracia venezolana. El imperialismo contemporáneo ya no necesita ocupar territorios: actúa mediante decisiones quirúrgicas, relatos de salvación y control indirecto. Venezuela es energía, es petróleo, es influencia regional. Y ese interés no nació ayer.

Celebrar el fin de la impunidad chavista no debería implicar suspender el espíritu crítico. En política internacional, los favores no existen: existen las deudas. Y toda deuda se cobra. La pregunta que queda flotando, incómoda y necesaria, es si esta detención abre la puerta a una Venezuela verdaderamente soberana o si, una vez más, el país cambia de verdugo mientras otros deciden su destino.

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