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"Si el cambio se impone por la fuerza y sin mandato internacional es una derrota"

Nicolás Maduro, rodeado de agentes de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA), a su llegada a Nueva York.

Nicolás Maduro, rodeado de agentes de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA), a su llegada a Nueva York. / EFE

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, culminada con la captura del presidente Nicolás Maduro, obliga a reflexionar sobre el estado actual del derecho internacional público. Esta reflexión resulta especialmente significativa este año, cuando se cumplen 500 años de la llegada de Francisco de Vitoria a la Universidad de Salamanca, origen intelectual del derecho de gentes y del principio de no intervención.

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La comparación con la transición democrática española es reveladora. Entre 1975 y 1977, España logró transformar su sistema político mediante un proceso pacífico y jurídicamente ordenado. La Ley para la Reforma Política, inspirada por Torcuato Fernández-Miranda, permitió pasar “de la ley a la ley a través de la ley”, integrando cambio político, consenso y legalidad.

Incluso la política exterior estadounidense de entonces actuó dentro de márgenes diplomáticos. La invitación de Henry Kissinger al rey Juan Carlos en 1975 respondió a intereses geopolíticos, pero respetó la soberanía española. Es comprensible que la caída de un régimen autoritario genere satisfacción entre los demócratas. Sin embargo, esa legítima alegría no puede ocultar una realidad preocupante: cuando el cambio se impone mediante la fuerza y sin mandato internacional, asistimos a una nueva derrota del derecho internacional. Sacrificar la legalidad en nombre de la democracia termina debilitando a ambas.

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