15 ago 2020

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Usar una mascarilla FFP2 no es ser egoísta, es instinto de supervivencia

Alberto Iglesias

Una mascarilla protectora FFP2, utilizada como protección contra el covid. 

Una mascarilla protectora FFP2, utilizada como protección contra el covid.  / EL PERIÓDICO

Hace unos días oí decir a Fernando Simón que las mascarillas FFP2 y FFP3 solo deben usarse en casos excepcionales, en los cuales hay un alto riesgo de contagio, como los que padecen los sanitarios. En el resto de supuestos, según el portavoz del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, no es necesario. Incluso llegó a decir que aquellos que llevan estas mascarillas, a su juicio, son egoístas.

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Supongamos que la realidad idílica de Simón se cumpliera y que toda persona sale a la calle con una mascarilla higiénica o quirúrgica limpia y colocada correctamente y mantienen todo el resto de medidas de protección. En este caso no sería necesario el uso de mascarillas FFP2 para la población común, exceptuando los trabajadores de riesgo. Pero hay un problema con esa realidad idílica: ni de lejos se cumple.

La 'nueva normalidad' es un término erróneo acuñado por el Gobierno. Debería llamarse la 'nueva anormalidad', ya que no se puede ni pensar que lo que vivimos es normal. La estampa de las playas es vergonzosa porque la gente no sabe en qué año vive y ves pasear a mayores, jóvenes y deportistas sin mascarilla y sin mantener la distancia adecuada, llegando a rozar a otras personas.

Llevar una mascarilla es respetar, sea cual sea la mascarilla (sin incluir aquellas con válvula, que son completamente insolidarias). Si nadie usa mascarilla, ponerse una FFP2 supone un ejercicio de autoprotección y no es un acto de insolidaridad, cosa que sí que es no llevarla o llevarla en la barbilla, en el codo o de taparrabos. Es puro instinto de supervivencia.

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