15 ago 2020

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Un piso turístico (legal o ilegal) es un hogar menos

Fernando Prieto Cuadrado

Fernando Prieto Cuadrado

Una turista se dispone a entrar en el piso turístico alquilado.

Una turista se dispone a entrar en el piso turístico alquilado. / FERRAN SENDRA

El Ayuntamiento de Barcelona asevera que solo los pisos turísticos ilegales crean especulación y economía sumergida; y que solo estos pueden llegar a dañar la convivencia en las comunidades de vecinos. Así lo promulga a través de los medios de comunicación y redes sociales e incluso por carta directa a los propios vecinos.

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A la actual alcaldesa parece no importarle ya aquello de "L'habitatge fora del mercat, com l'educació i la sanitat". Porque son los pisos turísticos legales los que mayor y más firme especulación crean, ya que están legitimados por ley. Todos molestan. Todos son nocivos. En otras palabras, los individuos y empresas poseedores de licencias HUT tienen permiso para especular y entorpecer la vida de los vecinos.

El piso turístico es un invasor que destruye precisamente aquello que utiliza para venderse. La cotidianidad de las gentes del lugar se altera y el tejido vecino-comercial se corrompe. Los barrios pierden su identidad y la ciudad se homogeneiza. Los vecinos se convierten en figurantes de su propia realidad. Y esto, a gran escala. Porque no olvidemos que un piso turístico es un hogar menos. Un solo piso turístico, con o sin licencia, es un problema en potencia. Un solo y único piso turístico convierte en calvario la vida del que lo sufre. Un turista o viajero no es un vecino. Vivir en un lugar no es un juego. 

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