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Travesía por el mar isotónico

Miguel Lorenzo

Arrate ArrizabalagaBilbao

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Jueves, 9 de agosto del 2018 - 05:45 h

El norte y el sur, el verde y el ocre. El verde de la esperanza y del éxito frente a la miseria y la crudeza del ocre. La utopía, en cambio, no parece consolidarse como tal. La globalización hace un guiño al cambio, aunque de mientras el ocre y el verde siguen viéndose en un cara a cara.
Y es que son 40 millas náuticas, la distancia del verde al ocre, de España a Marruecos, compartiendo el estrecho de Gibraltar. Es en Marruecos donde muchos hallan la oportunidad para llegar al verde que les dé la esperanza. Ante esta situación, poca esperanza le queda al ocre. Está la opción de considerar a verde cobijo o la de última instancia, la de dios.

Y es que dios es Jesús, es Alá, es Buda, y dios es también aquel que tiende un pequeño objeto redondo e hinchable, objeto que te hace flotar y por ende vivir. Es el caso del Aquarius, el barco que da fuerzas como toda bebida isotónica y que podría considerarse como otro dios más
A continuación, el zozobre del barco va acompañado de cantos de alegría y esperanza, cada vez más cerca del verde. Es aquí cuando surge la incógnita: ¿es acaso preferible tener a dios preparando su banquete de bienvenida ahí arriba o tener a un varón uniformado y armado rodeado de incompresibles papeles?

Algo está claro: aquí el único que se digna a escuchar las plegarias deber de ser el de arriba, o eso dicen, ya que nadie quiere rendir cuentas.
El banquete resulta apetecible, aunque la llamada para llegar y vivir en verde no termina de apagarse, luchando contra el apetecible cobijo del todo poderoso. De este al menos ya se sabe que controla y domina, pero parece ser que con banquete y algún otro tipo de comodidad. Es así como la intensidad de ocre aumenta, aunque por poco tiempo sea.

Parece que el personal de ayuda humanitaria tratando de ocultar su preocupación escucha y la bebida isotónica da fuerzas. De mientras los poderosos de abajo no se dignan a hacer presencia en el punto de conflicto, la frontera, les basta con decir que todo marcha bien y la situación está controlada. El sueño termina ahogándose o bien antes de recibir el azúcar de la bebida o una vez en tierra verde de “esperanza”.

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