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"No basta con transmitir contenidos en la escuela; debemos enseñar a vivir"

Uns nens surten d’una aula en una escola de Barcelona. | MANU MITRU

Uns nens surten d’una aula en una escola de Barcelona. | MANU MITRU

Soy docente de Educación Primaria y, en redes sociales, muchos me conocen como @lamaestafeliz. Desde esa doble mirada -la del aula y la conversación digital- observo con preocupación cómo la educación emocional sigue ocupando un lugar secundario en nuestras escuelas. Enseñamos a leer, a escribir, a resolver problemas matemáticos. Pero, ¿enseñamos a comprender lo que sentimos? ¿A gestionar la frustración, la rabia o la tristeza? Las emociones no son un contenido adicional: son la base de cualquier aprendizaje.

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Un alumno que no sabe qué le ocurre difícilmente podrá concentrarse. Un niño que no ha aprendido a gestionar su enfado no necesita solo normas, sino herramientas. Y, sin embargo, seguimos midiendo el éxito educativo casi exclusivamente en términos académicos. Vivimos en una sociedad rápida, donde todo pasa deprisa y también las emociones: se sienten, pero no se entienden.

En este contexto, la escuela tiene una responsabilidad clave. No basta con transmitir contenidos; debemos enseñar a vivir. Trabajar las emociones en el aula no es perder tiempo, es ganarlo: mejora la convivencia, previene conflictos y acompaña a los alumnos en algo esencial, aprender a ser. Quizá ha llegado el momento de replantearnos qué entendemos por educación de calidad. Porque educar no es solo preparar para un examen, sino para la vida.

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