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"El trabajo se percibe ahora como una imposición, no como un compromiso profesional"

Manifestacion del 1 de mayo en Barcelona.

Manifestacion del 1 de mayo en Barcelona. / Manu Mitru

Las prácticas empresariales y la voluntad política de los sucesivos gobiernos para flexibilizar el mercado laboral han provocado un traspaso de los riegos empresariales a los trabajadores que, desvinculados de las empresas que los emplean, no participan para nada en la gestión de las mismas, y además no adquieren ningún grado de protección frente a los vaivenes del mercado. El trabajo es absolutamente ajeno al trabajador, que lo sufre como una imposición y no como un compromiso profesional.

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La negociación colectiva y el Derecho del Trabajo resultan más necesarios que nunca, pero la reforma laboral de 2012 se los cargó, olvidando que la política económica ha de tener dos objetivos irrenunciables, como son el pleno empleo y el crecimiento de los niveles de vida de los que hacemos posible, con nuestro trabajo cotidiano, la creación de riqueza.

Durante un periodo de tiempo, la conciencia ciudadana del trabajador puede ser sustituida por la del consumidor compulsivo, pero el compromiso individual a largo plazo con la democracia y los sistemas de representatividad que la vertebran exige garantizar la cobertura digna de las necesidades humanas y sociales básicas, en cualquier circunstancia.

La codicia de los que más tienen puede volverse en su contra.

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