27 sep 2020

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TOR, el dios del anonimato en internet

Paula Santolaya

Un hombre, utilizando ordenador.

Un hombre, utilizando ordenador. / ELISENDA PONS (Archivo)

TOR es el acrónimo de The Onion Router, un software gratuito desarrollado a mediados de los años noventa por el Laboratorio de Investigación Naval de EEUU para establecer comunicaciones seguras entre las bases militares. Este navegador, por el que se accede a la 'deep web 'o internet profunda, permite al usuario bucear libremente por las profundidades de la red sin dejar rastro. La también llamada Web invisible es la parte oculta del iceberg cibernético, y supone nada menos que el 85% de los contenidos de internet. En ella se muestra información inaccesible para los motores de búsqueda convencionales como Google, Yahoo o Bing sobre actividades ilícitas de todo tipo: terrorismo, tortura, pornografía infantil, contratación de sicarios,  venta de armas, oferta de órganos y drogas.

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El contenido del depravado TOR, el dios del anonimato, está subiendo a la superficie de internet o world wide web para que todo el mundo pueda verlo. Un ejemplo es el de las sorprendentes filtraciones de Edward Snowden en el 2013, quien reveló al mundo las labores de monitorización y espionaje masivo por parte de la NSA y de otras agencias de inteligencia. Otro caso es el de la conocida organización periodística sueca sin ánimo de lucro WikiLeaks, que publica en su sitio web información confidencial y documentos filtrados con contenido sensible para el público a través de fuentes anónimas. Ahora, lo último en las redes sociales consiste en hacer viral la violencia escolar o la propia muerte a cambio de unos ‘me gusta’. El pasado 14 de abril, un adolescente se quitó la vida y lo grabó en directo para compartirlo con sus amigos de Instagram.

Es evidente que internet ha cambiado la manera en que gestionamos nuestra privacidad y vivimos las tragedias propias y ajenas. Ha llegado la hora de bloquear las filtraciones provenientes de las profundidades oscuras de la red para que TOR, ese dios anónimo y cruel, no salga a la superficie y se lleve lo que todavía nos queda de humanidad

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