28 nov 2020

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Tiempos difíciles para la hostelería

Jaime Rodríguez Soto

Jaime Rodríguez Soto

Manifestantes contra la orden de la Generalitat que cierra bares y restaurantes durante 15 días en Catalunya.

Manifestantes contra la orden de la Generalitat que cierra bares y restaurantes durante 15 días en Catalunya. / AFP / LLUIS GENÉ

Yo soy uno de los trabajadores de la hostelería que ha sido perjudicado por la orden de la Generalitat de cierre de bares y restaurantes por la pandemia del covid-19. Entiendo los motivos, pues en espacios cerrados se juntan gran número de personas sin mascarilla, comiendo y bebiendo, tosiendo, estornudando, riendo, hablando... Entiendo que hay que reducir los focos de infección. Ahora bien, creo que ha sido excesiva la idea de cerrar a cal y canto toda la actividad hostelera, y no permitir abrir a las terrazas, como se está haciendo en ciudades como Nueva York.

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Los perjuicios económicos que va a traer todo esto son incalculables, y nos podemos dar con un canto en los dientes si el cierre se mantiene solo 15 días. También estoy de acuerdo con que estas medidas vayan acompañadas del toque de queda, pues mientras que a mí no se me permite trabajar, no tengo por qué aguantar el ver en las noticias una fiesta tras otra en las calles. En España sería necesario un toque de queda a las 9 de la noche para todo el mundo, y reducir la movilidad de las personas, si se quieren reducir los rebrotes.

Algunos ya me hablan de la limitación de derechos. Me hablan del estado democrático. Y yo les rebato diciéndoles que en un estado democrático hay derechos, pero también deberes. Quiero aprovechar esta carta para dar mi opinión sobre la crispación política que tanto mal nos hace. Muchos solo se refieren a la oposición, o sea, a la derecha. No les niego la razón. Pero la crispación viene dada de toda nuestra clase política, sin distinción, y de los medios de comunicación. He de recordar que este Gobierno supuestamente progresista y débil a nivel parlamentario, está apoyado por nacionalistas extremistas a los que la gobernabilidad de España se la trae al pairo. A eso, los palmeros del gobierno lo llaman "diálogo". Yo a eso lo llamo también provocar crispación.

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