Contenido de usuario Este contenido ha sido redactado por un usuario de El Periódico y revisado, antes de publicarse, por la redacción de El Periódico.

"Cuando la sociedad no percibe lo que ocurre, corre el riesgo de convertirse en un país de ciegos"

Chico tapándose los ojos

Chico tapándose los ojos / PERIODICO

Victoriano Sánchez

Acabo de finalizar la lectura de 'El país de los ciegos', un libro del escritor británico H. G. Wells. La historia narra como Núñez, un montañero que sufre un accidente en los Andes, cae en un valle completamente aislado del exterior. Allí descubre que todos en la aldea son ciegos desde hace generaciones. Lejos del caos, han construido una sociedad estable y altamente organizada, adaptada por completo a la ausencia de la vista.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un 'post' para publicar en la edición impresa y en la web

Núñez asume inicialmente que su capacidad de ver lo sitúa en una posición de ventaja e incluso de superioridad. Cree que podría guiarlos, pero pronto se enfrenta a una realidad distinta: su visión no es comprendida y acaba siendo interpretada como una forma de desequilibrio o locura. El relato adquiere así una dimensión claramente simbólica. El valle representa los límites de la percepción: aquello que no encaja en el marco de comprensión dominante no se integra, sino que se rechaza, se distorsiona o se deslegitima.

En ese contexto, la obra me recuerda a nuestra sociedad, marcada por el extremismo y la polarización política. La realidad se fragmenta en narrativas enfrentadas, imponiendo un relato donde el otro deja de ser un interlocutor válido para convertirse en alguien que “no quiere ver”. Hay un refrán muy castizo que reza: "En el país de los ciegos, el tuerto es el rey".

Wells transforma esta historia en una advertencia: cuando una sociedad es incapaz de percibir lo que está ocurriendo, corre el riesgo de convertirse en un “país de ciegos”.

Participaciones de loslectores

Másdebates