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"El 'sincorbatismo energético', una medida efectista y poco más"

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / DAVID CASTRO

Resulta que el presidente del Gobierno, con efectismo indisimulado, saca de su chistera como medida para el ahorro energético la idea de quitarse la corbata. Y aparece ante los medios de comunicación sin ella, y sus acólitos e incondicionales ministros y responsables políticos hacen fiel seguidismo del mandatario, prescindiendo de ese adminículo.

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Pues bien, esto no es nada original, ya que recordaremos que durante la presidencia de Rodríguez Zapatero, el entonces ministro Miguel Sebastián acudió al Congreso de los Diputados sin corbata, y José Bono, presidente de la Cámara, no sin retranca, llamó a un ujier para que le proporcionase una corbata institucional al olvidadizo parlamentario. Ciertamente, la corbata ya no es una prenda protocolaria imprescindible en muchos eventos ni en determinadas profesiones, e incluso ha dejado de ser obligatoria. El 'sincorbatismo' se ha normalizado. Ha dejado de ser ese atuendo propio del respeto, de la solemnidad, de la oficialidad, y ahora solo se lleva escasamente en bodas, comuniones y determinadas celebraciones en las que el anfitrión exige vestir de etiqueta o llevar traje y corbata.

Se ha impuesto la informalidad, la comodidad. La aversión a la corbata, el incitar a descorbatarse ,es ignorar a la corbata como elegante pleitesía que se rinde a la civilización. Es anudarse a las reglas, al orden institucional. Asistimos a una relajación de las costumbres más inveteradas. A este paso, puede que alguno, siguiendo la corriente, ose presentarse en el Congreso con camiseta hawaiana, bermudas y chanclas, en plan cutre playero.

En cualquier caso, con la que está cayendo -una inflación desbocada del 10,8 %- no es de extrañar que al presidente no le llegue la camisa al cuello y, agobiado, tenga que quitarse la corbata. Ya no nos va a sorprender que en invierno se nos sugiera que nos anudemos una bufanda al cuello para combatir el frío.

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