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"Estimada Sílvia Abril: yo no formo parte de ningún 'chiringuito', como dices"

Silvia Abril, en la última gala de los Premios Goya, Barcelona 1 de marzo de 2026

Silvia Abril, en la última gala de los Premios Goya, Barcelona 1 de marzo de 2026 / Jordi Borràs/ ACN

Estimada Sílvia Abril,

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No sé si esta carta te llegará alguna vez. Pero yo necesitaba escribirla. Cuando escuché tu comentario en los Goya, no fui capaz de reaccionar de inmediato. De hecho, he necesitado un par de días para pensarlo. Soy una chica joven, católica, que está profundamente enamorada de Dios. Lo digo así, con sencillez, pero no porque sea mejor que nadie ni porque viva en un mundo perfecto. Al contrario: precisamente porque soy frágil, porque caigo, porque me equivoco, porque hay días en los que no puedo más, es por lo que me aferro a Él.

¿Sabes? El Dios en el que creo es un amor que me ha abrazado como nadie lo ha hecho jamás. Mientras escuchaba todo lo que decías, solo me venía al corazón aquella frase: “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Te aseguro, Sílvia, que yo no puedo tirarla. Porque yo también he hecho comentarios ligeros, también he juzgado sin saber y también he reducido realidades que no conocía. Por eso te perdono y, al mismo tiempo, te pido perdón.

Te perdono porque no sé qué historia tienes con la fe, no sé si alguien te ha herido en nombre de Dios, ni tampoco sé qué decepciones puede haber detrás de una frase. Te pido perdón si nosotros, los que nos llamamos cristianos y somos jóvenes, no hemos sabido mostrar mejor la belleza de lo que creemos. Si la imagen que te ha llegado es la de alguien que “da pena”, quizá no hemos sabido transparentar lo suficiente la luz que tenemos en el centro.

Te aseguro que el Dios en el que yo creo es un Dios sin prejuicios, que siempre espera y siempre ama. Aunque no creas en Él, yo sé que te mira con una ternura infinita. Vivimos muy deprisa. Y a veces olvidamos que no sabemos la carga que el otro sostiene ni el precio que ha pagado para llegar donde está. Quizá solo necesitamos más misericordia, más cuidado y más voluntad de sumar.

Yo no formo parte de un “chiringuito”. Formo parte de una historia de amor que me ha enseñado a amar de verdad. Y desde ese amor te miro, con el único deseo de que, entre todos, sepamos siempre amar mejor.

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