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"Él, siete balones de oro, y su hinchada, en la pobreza"

Messi recibe el Balón de Oro

Messi recibe el Balón de Oro / REUTERS/Benoit Tessier

El fútbol que juega Messi evidencia que no todos somos igual de capaces, y eso es bueno: la diversidad es un activo humano. El precio que cobra por su juego demuestra que la estructura económica de mercado transforma la diversidad en asimetría social y en desigualdad de oportunidades. Para la economía hegemónica, las personas somos únicamente herramientas, productores de riqueza, objetos a poseer, bienes inestimables en tanto seamos rentables, y absolutamente 'desechables' al perder la capacidad productiva. Pero la ética política nos dice que los ciudadanos somos capaces de colaborar y transformar las organizaciones establecidas, aportar ideas sobre nuestra identidad y encontrar un lugar propio, no solo como mano de obra o producto comercial.

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La experiencia de Messi, y de otros antes que él, debería obligarnos a cuestionar el sistema económico y de valores que le permite a él salir del anonimato y de la pobreza, y que, sin embargo, mantiene en esta a la mayor parte de sus hinchas.

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