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"Los seres humanos somos animales cooperativos y sensibles a lo honesto, por mucho que les pese a algunos"

Tamberi abraza a Barshim tras sellar el pacto para compartir el oro.

Tamberi abraza a Barshim tras sellar el pacto para compartir el oro. / Europa Press / Oliver Weiken

Un acto generoso suele tener poco rincón en el espectáculo. Los Juegos Olímpicos nos han dejado detalles que honran nuestra especie. En el salto de altura dos deportistas decidieron compartir la medalla para dejar de competir.

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El pensamiento político, junto a las ciencias económicas, moldea la sociedad sobre la base de la lucha perpetua. Mantiene su arrogancia al creer que nunca dejaremos de pelear y que la libertad individual tiene prioridad sobre la comunitaria. Aquellos que anteponen la autonomía por encima de todo (yo primero), contemplan los intereses colectivos como una idea romántica. Pero cuando se despistan surgen lecciones que nos hablan de justicia. Somos animales cooperativos, sensibles a lo honesto, y aunque beligerantes, la perspectiva es amar la dependencia mutua. Por mucho que les pese a algunos, la colaboración es algo corriente. La 'ayuda' es un estándar en las teorías evolutivas y la sincronía es la manera más antigua de adaptar la conducta propia a la ajena porque se asienta en la capacidad de ponerse en la misma piel y hacernos propios los movimientos para comprenderlos.

El homicidio y la guerra no solo se mueven por el instinto de agredir. Se considera más el beneficio del dominio, modelos que no entienden la equidad e ignoran las emociones; imaginan un mundo regido por fuerzas mercantiles y electorales. Una minoría que actúa de manera egoísta y se aprovecha sin inmutarse lo más mínimo.

No podemos vivir bajo el lema de “la supervivencia del más apto”. La empatía es el proceso por el que la compasión es la preocupación por los demás y el deseo de mejorarnos. Se rige por mecanismos diferentes, por eso molesta tanto (esa es la engañosa metáfora, la doble alma de las cosas: Iberdrola, Endesa, Repsol, Caixabank…).

Los seres humanos empatizamos desde el primer día de nuestras vidas con tendencias socialmente positivas. Tomar partido por el más débil es el límite que sobrepasa el alcance de cualquier reajuste basado en el interés propio.

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