22 feb 2020

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"Se apagó la luz de Aleix, pero el cielo ganó una estrella"

Estíbaliz Cruz

Barcelona

Hospital Materno infantil del Vall d’Hebron. 

Hospital Materno infantil del Vall d’Hebron.  / FERRAN NADEU

No he escrito hasta ahora para comunicar el final de mi hijo, Aleix Obregón Cruz, porque no sabía cómo escribir algo así. Pero sí quisiera agradecer las palabras y las columnas que se le han dedicado en EL PERIÓDICO. El pasado domingo leí uno de esos artículos y no podía dejar de llorar.

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Tengo en mi memoria un pequeño alegre que hasta el último instante luchó por vivir, pero su cuerpo no aguantó más. Aleix fue un niño feliz, alegre, lleno de vida. Solo puedo decir que nunca hay que rendirse; siempre hay que luchar. He cumplido sus últimas voluntades, incluso me tatué su frase en mi cuerpo --que vio y le encantó-- gracias a una gran persona, Pytus.

A mi hermano Toni, que para él fue su hermano, su amigo, su vida, todo lo que le pedía se lo concedía y cumplió su última voluntad en su último suspiro de vida: ya tiene su mini con su nombre. A su tía María del Mar y también Fernando, que le querían con locura; a sus primos Erik e Iker, que le dedicó un partido y minuto de silencio; a su tío Álex, que le quería y le mandaba coches de alta gama, y su prima Asha, que quería con locura, como su tía Lorena; a sus abuelos y a todos los papás que he conocido, gracias por todo. 

Ahora para mí es diferente, mucho, pero me gustaría dar las gracias aquellas personas al Hospital materno infantil Vall d'Hebron, a aquellas que me arroparon a mí y a mi pequeño ángel. Gracias de corazón a todas, incluido EL PERIÓDICO, por dedicar pequeños momentos, por llamar para saber el estado de Aleix.

Se apagó una luz, pero el cielo ganó una estrella.

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