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"Por Sant Jordi compren libros, regálenlos, pero sobre todo, léanlos"
GIRONA RAMBLA CARRER NOU PLAÇA CATALUNYA PARADES LLIBRES ROSES DIADA DE SANT JORDI / MARC MARTI FONT / DDG
Sergio Gómez
El día de Sant Jordi, Barcelona huele a rosa y a tinta fresca, que es una mezcla peligrosa: enamora y mancha. La tradición -ese híbrido entre caballero medieval y departamento de 'marketing'- consiste en intercambiar libro y flor. Antes, él regalaba la rosa y ella el libro; ahora nos lo regalamos todo entre todos, un sistema más igualitario y, desde luego, mucho más caro.
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La fecha coincide, además, con la elegante retirada de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, que no firmaron en la Rambla por un pequeño inconveniente logístico: llevaban siglos muertos. No es que no se vendan libros -en Sant Jordi despegan como aviones en hora punta-, es que muchos aterrizan en casa para iniciar una carrera meteórica como objeto decorativo.
Tres días sobre la mesa del comedor, cinco si la portada combina con el sofá, y luego silencio editorial. Algunos acaban estabilizando mesas cojas; otros desarrollan el síndrome del perro de agosto: mucha ilusión al principio y abandono con la primera ola de calor doméstica. La ciencia, que no tiene sentido del humor pero sí estadísticas, insiste en que leer con regularidad mejora la función cognitiva y la empatía.
Conviene recordar que un libro es como un paracaídas: si no se abre, no sirve de nada y el aterrizaje suele ser duro. También como una nevera: si no la abres, acabas muriendo de hambre. Propongo, por tanto, que este Sant Jordi regalemos libros con manual de instrucciones. Algo sencillo: “Abrir a diario, mínimo diez páginas; evitar acumulación de polvo; no sustituir por series salvo causa de fuerza mayor”. Y añadiría una cláusula de seguimiento: “Si en 30 días no ha sido leído, el ejemplar será reasignado a un lector con signos vitales”.
Compren libros, sí. Regálenlos. Abrácenlos incluso. Pero, sobre todo, léanlos. Antes de que tengamos que ponerles microchip y salir a buscarlos por la casa como si fueran gatos extraviados.
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