Sánchez renuncia al escaño e inicia la guerra

Pedro Sánchez. 

Pedro Sánchez.  / DAVID CASTRO

Joan Sada Vidal

Joan Sada Vidal

Pedro Sánchez ha renunciado al escaño pero ha declarado la guerra. Podía haber resultado un acto digno, pero ha sido una chiquillada propia de un niño malcriado. El PSOE necesita un tiempo de calma para curar las múltiples y enormes heridas abiertas tras su decisión de abstenerse para desbloquear la situación política y facilitar la investidura de Rajoy, pero Pedro Sánchez ha vuelto a hacer gala de su ambiciosa personalidad para intentar volver a liderar el partido y más tarde presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Es decir, en vez de colaborar con la actual gestora para ayudar a curar las heridas y poner remedio a lo que él destrozó con su empecinada actitud, va y declara la guerra. No, señor Sánchez, no es así como se comporta un militante que quiere lo mejor para su partido.

Su decisión sólo viene a corroborar la actividad desarrollada durante estos meses y que se ha concernido en su obsesión por el 'no' a Rajoy y su oculta ambición -fuera del servicio a los españoles- de llegar a La Moncloa. En adelante debería tener en cuenta que antes que usted está su partido, y que antes que su partido está España.

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