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"Todo puede romperse, pero lo único que permanece con sentido es el amor"

Una pareja, que ya se ha encontrado en la vida, pasea por València

Una pareja, que ya se ha encontrado en la vida, pasea por València / Germán Caballero

En un paseo matutino me sorprendió leer en una pintada: "Te quiero para siempre y siempre es hoy: te quiero, Lucía". Pienso que encierra una paradoja hermosa: el deseo humano de eternidad expresado en el único tiempo que realmente existe, el presente. Prometer "para siempre" suele parecer algo abstracto, casi imposible, pero la frase lo aterriza: el amor no se demuestra en un futuro lejano sino en el ahora, en los pequeños gestos cotidianos que hacen real esa promesa. El “siempre” no es una duración infinita, sino la repetición constante del hoy, pero con el aire de hacerlo nuevo, de estrenarlo a diario.

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Al llegar a casa, descubro la siguiente frase de Jesús Montiel: "Quiero que en el momento en que el vagón descarrile, porque pasará tarde o temprano, el amor que he dado y sobre todo el amor que he recibido estén conmigo dando sentido a todo". ¿No es la misma idea desde otra perspectiva? Esta segunda matiza la primera diciendo que todo puede romperse: los planes, la salud, la estabilidad. Sin embargo, lo único que permanece con sentido es el amor.

Me parece que ambas dialogan entre sí. La pintada nos invita a amar hoy como si ese hoy fuera eterno; Montiel nos recuerda que, cuando todo falle, lo único que tendrá peso será ese amor vivido. Al final, quizá el "para siempre" no sea otra cosa que una suma de presentes llenos de afecto. Amar hoy es la forma más concreta que tenemos de vencer, aunque sea un poco, al paso del tiempo.

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