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"Me resulta incomprensible que los altos tribunales se hayan convertido en una prolongación de los escaños de la derecha"

Sede del Tribunal Constitucional. 

Sede del Tribunal Constitucional.  / AGUSTÍN CATALÁN

En un cuento de la Pardo Bazán, de 1896, la autora hace apostrofar a su protagonista: “¡España, país de fanáticos!”. La sentencia política del Tribunal Constitucional me hace pensar en ello. Y también en otras palabras de la condesa, de su célebre discurso de París, de 1899, cuando en un momento dado recuerda: “los españoles están sedientos y hambrientos de verdad”. Lo que valía para entonces, vale para ahora, aunque esto no debiera ser así. Tristemente, esta nueva injerencia nos pone de manifiesto un grave problema en nuestro sistema democrático. Necesitamos unas píldoras de verdad. Me resulta incomprensible, como creo que a otros ciudadanos, entender cómo los altos tribunales (aquí podría añadirse también el de Cuentas), se han convertido en una prolongación de los escaños de la derecha. Como ha recordado Margarita Robles, de los miembros del TC se espera altura de Estado. Para cualquier persona con dos dedos de frente, resulta evidente que el estado de alarma (que, por cierto, en la ley 4/1981, habla específicamente de las pandemias) ha sido de vital importancia para salvar vidas.

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El Partido Popular, que es el partido al que debería tomársele por riguroso en la derecha española, debería volver a la senda del compromiso y sentido de Estado, de un modelo donde sea más importante la vida de los conciudadanos que el ataque continuo al PSOE; que sea un partido que construya desde la política y no se dedique solo a llevar la contraria. Un partido que aplique una mínima coherencia (en la que entraría, por ejemplo, acceder a la renovación del CGPJ, bloqueado por puro interés) y tenga una estrategia que pase, ya no por decantar la balanza, sino por no intentar a todas horas, todo el rato, escorar el barco hasta hundirlo. Porque, como también decía doña Emilia, sabia entre las sabias, “en cuanto dos personas se reúnen y su conversación recae sobre la situación actual, todas las opiniones son unánimes: estamos dejados de la mano de Dios”.

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