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"¿De verdad somos responsables de lo que pasa?"

Las manifestaciones pro derechos humanos son un claro ejemplo de cuándo se usa un espacio entre prefijo y base.

Las manifestaciones pro derechos humanos son un claro ejemplo de cuándo se usa un espacio entre prefijo y base. / Shutterstock

El lenguaje no es neutral, varía según cómo se narran las cosas, según la mirada que se construye con las informaciones recibidas. Las opiniones son muy diversas, pero siempre es más complicado explicar para distinguir la verdad de la mentira, fijar los términos desde los cuales se interpreta la realidad. Las emociones pueden nublar la razón, precisan habilidad para orientar el sentido ético, hay que cuidar los liderazgos, controlarlos para distinguir mejor la verdad de la mentira.

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No es aconsejable mantener la barbaridad bíblica de que todo lo que ocurre es culpa nuestra. ¿De verdad somos responsables de lo que pasa? En la gestión del debate podemos observar la fragilidad de las palabras al no promocionar el matiz, las excepciones. El cambio de los tiempos reclama intervenciones inteligentes, cooperación positiva, ampliar los límites, contrastar sin prejuicios, comprender mejor lo que pasa.

Una paradoja, el significado de discriminar suele responder a exclusión, rechazo… Pero también: distinción, diferenciación, delimitación, análisis, método… Otra contradicción, el debate sobre la no violencia. El pacifismo ha sufrido siempre antónimos, acusado de hacer el juego al poder con neutralidad sospechosa, sigue soportando acoso de quienes priorizan la militarización de los países (ocurrió con la objeción de conciencia).

Necesitamos más capacidad crítica pues las sociedades pueden encanallarse. Un dato, la defensa de los derechos humanos (1948): el sindicalismo, el sufragio femenino, el abrazo a las minorías, la ecología y el respeto a los seres vivos no han llegado tras una revolución violenta sino gracias a la presión de los movimientos sociales y la diplomacia internacional.

La generosidad de los intercambios requiere creatividad de procesos para confrontar propuestas y no personas. Comprender lo que pasa implica más de un diagnóstico. La verdadera revolución es hacer buenas preguntas para llegar a buenas reflexiones.

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