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"Reparar el mal causado exige algo más que la mera utilización de formularios administrativos pidiendo perdón"

Arnaldo Otegi.

Arnaldo Otegi. / EFE/ Javier Etxezarreta

En estos días de acervas memorias por el final de ETA, yo, que por diversas razones he venido reconstruyendo mi propia experiencia al respecto, me he acordado del filósofo italiano Giorgio Agamben (Roma, 1942) y de sus dos grandes argumentos para explicar los sistemas de dominación actuales: la 'nuda vida' y el 'homo sacer'. La 'nuda vida' no es la mera vida biológica y tampoco es una condición humana determinada legalmente o de ciudadanía, es la mera existencia, sin derechos ni identidad; el 'homo sacer' es aquel individuo para el que el soberano (gobierno, amo, señor, empleador, mercado, banda terrorista…) ha decretado la 'nuda vida', y sin apelación posible; de tal forma que, originariamente en el derecho romano arcaico, de donde procede la idea, a este sujeto podía darle muerte cualquiera sin que el victimario incurriese en responsabilidad penal, ni moral, alguna.

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El 'homo sacer' moderno por excelencia fue el prisionero de los campos de concentración, y ahora lo son el extranjero expulsable, el refugiado que nadie admite, el parado de larga duración, el privado de su hogar por impago, el enfermo crónico, el pensionista, el condenado a prisión permanente revisable…y, por supuesto, todos aquellos que sufrieron la amenaza de ETA y además se sentían culpables.

Reparar el mal causado exige algo más que la mera utilización de formularios administrativos pidiendo perdón.

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