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"La realidad es que la ganadería intensiva es una industria extractiva que consume muchos recursos naturales"

Clientes en una carnicería en un mercado de Barcelona.

Clientes en una carnicería en un mercado de Barcelona. / REUTERS /ALBERT GEA

La polémica provocada alrededor de las declaraciones del ministro de Consumo, sobre los costes ambientales de la ganadería intensiva y sobre la calidad de la carne que produce, tiene su origen en un bulo perfectamente construido en el mundo virtual de las redes para ocultar la realidad de una industria extractiva como es la ganadería intensiva, pródiga en el consumo de recursos naturales y en absoluto preocupada por la reposición de esos recursos: si se añadiesen los costes de reposición y eliminación de los residuos, no habría carne barata.

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La cesta de la compra sería muy diferente a la actual, basta con comparar los precios que aparecen en los mostradores de nuestra carnicería habitual, y aún más si comparamos los precios entre determinadas carnicerías de barrios 'ilustres' y otras más populares. Hay carnes de primera, de segunda y hasta de tercera, para cada uno la que pueda comprar. Quien se siente a gusto en un mundo económico tan desigual no tiene ningún problema con las granjas industriales: ellos comen carne de ganado criado en extensivo, cada uno debe comer lo que se gana, cueste lo que cueste.

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