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"Se habla de prohibir redes pero no de videojuegos con contenidos violentos"

BARCELONA 03/02/2023 BARCELONA. Jóvenes usando tiktok. REDES SOCIALES. TELEFONOS MOVILES

BARCELONA 03/02/2023 BARCELONA. Jóvenes usando tiktok. REDES SOCIALES. TELEFONOS MOVILES / MANU MITRU / EPC

En el trabajo con adolescentes hay una pregunta recurrente: ¿qué es más eficaz, prohibir o educar? La respuesta suele ser incómoda. Prohibir es rápido, simula control y alivia la ansiedad adulta. Educar, en cambio, es un proceso arduo y de cocción lenta. Tras más de diez años trabajando con jóvenes, he comprobado que la prohibición rara vez elimina una conducta: la transforma en algo menos visible y, por tanto, más difícil de acompañar. Con la prohibición de redes sociales a menores de 16 años, los adolescentes comenzarán a usarlas fuera del radar adulto, de forma clandestina, con cuentas ajenas y menos protección.

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Reducir las redes sociales a bailes o retos imposibles invisibiliza su valor educativo. Muchos jóvenes las emplean para aprender e informarse. ¿También vamos a privarles de ese acceso al conocimiento? El foco no debería estar en prohibir, sino en educar. Las redes no educan por sí solas, como tampoco lo hacen la televisión o internet.

La solución está en formar a nuestros menores en pensamiento crítico, identificación de riesgos, bulos y desinformación, sin tratar a la adolescencia como incapaz de tener criterio, precisamente cuando empieza a construirlo. Pero esta misión implica que los adultos revisemos nuestro propio comportamiento. Requiere tacto, tiempo y paciencia. Y no todos están dispuestos a hacerlo.

Resulta llamativo que se hable de prohibir redes y no de videojuegos con contenidos violentos o dinámicas de consumo. Resulta paradójico exigir prohibiciones mientras normalizamos el uso compulsivo del móvil o la exposición constante de la infancia en redes por parte de los propios adultos. Debates que rara vez ocupan el centro de la conversación.

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