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"El precio de la luz y la tortilla de patatas"

Una tortilla de patatas

Una tortilla de patatas / ARCHIVO

Ahora que el precio de la luz reside en el infinito o más allá, y que los que deberían ponerle remedio están en otras cosas, preciso reivindicar algo tan nuestro como la tortilla de patatas (con o sin cebolla). Y para que nadie pueda, ni siquiera, insinuar que a sabiendas se falta a la verdad, es aconsejable que si se pone cebolla se haga sin disimulo y a la vista de todos. Bien pochadita, junto con sus patatas, su aceite de oliva, sus huevos ecológicos de granja. ¡Menudo aroma desprende la cocina hasta bien entrada la madrugada!

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Pero si se pertenece al grupo de “sin cebolla, por favor”, puede que eso no sea exactamente lo que acabe en el plato. Con total premeditación, alevosía y puede que hasta con nocturnidad, portan una oronda tortilla, no como en un principio anunciaron, sino con tres ingredientes: patatas, huevos y cebolla. Resuena una inocente pregunta después del primer bocado: ¿Tiene cebolla? "Sí, por supuesto, así está más sabrosa”.

¡Sabrosa, piensa el descontento cliente con cierto cabreo, ya que no soporta ese saborcillo blandengue y viscoso! Pero como es educado, opta por callar y comérsela, aun a sabiendas de que durante toda la tarde tendrá ese dulzor en su boca. ¡Ingenuo comensal!

Y es que, en ocasiones, como sucede en política, una cosa es lo que se ofrece y otra es lo que se da.

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