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"El peligro de no escuchar al mundo"

A resident walks along a street covered in mud following flash floods and a landslide disaster in Devighat, in Nepals Nuwakot district on August 26, 2026. Rescue teams rushed on August 27 to find hundreds of people missing on the Nepal-Tibet border in flash floods and landslides that killed at least 160 and swept away entire villages. (Photo by PRAKASH MATHEMA / AFP). ALTERNATIVE RECROP

A resident walks along a street covered in mud following flash floods and a landslide disaster in Devighat, in Nepals Nuwakot district on August 26, 2026. Rescue teams rushed on August 27 to find hundreds of people missing on the Nepal-Tibet border in flash floods and landslides that killed at least 160 and swept away entire villages. (Photo by PRAKASH MATHEMA / AFP). ALTERNATIVE RECROP / PRAKASH MATHEMA / AFP

Otra desgracia más... Esta vez entre la frontera de Nepal y el Tíbet causando muertes, desapariciones y nosotros seguimos creyendo que nuestra interacción con el mundo, con la naturaleza, es inocua.

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Incendios, seísmos, tsunamis, lluvias torrenciales, olas de calor extremo y seguimos sin escuchar y, muchas veces, negando lo que la naturaleza nos está gritando: ¡basta ya!

Obviamente montamos debates, congresos, reuniones para hablar del cambio climático, de energías renovables, de protección de nuestro ecosistema mientras, por otro lado, seguimos maltratando nuestros mares, cielos y tierras. Peso, eso sí, que la queja no falte.

No tenemos cultura del cuidado sino de creer que "nosotros no lo veremos" y que las futuras generaciones "ya se apañarán" hasta que te toca de cerca, hasta que pierdes a alguien querido, hasta que pierdes tu casa o parte de ti.

Nos estamos cargando el planeta sin despeinarnos. Tal vez no vale solo con reciclar las botellas de casa sino tener conciencia colectiva y educar en el cuidado de lo que es nuestro hábitat, del respeto hacia lo que nos rodea y no dejar que sean "los gobiernos" los que solucionen el mundo.

Tal vez llega la hora de ser coherentes y empezar a cambiar nuestras costumbres, de ser más empáticos con la naturaleza y las especies que las habitan, de no convertir todo ello en "otro lugar para usar" sino empezar a verlo como nuestra casa.

Tal vez llegó el momento de la ecología emocional, "el arte de gestionar nuestros afectos y emociones de forma sostenible para mejorar como personas, cuidar nuestras relaciones y proteger nuestro entorno".

Tal vez todo esto debe empezar desde niños e inculcar el respeto a nuestro entorno.

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