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"Señor Pedro Sánchez, la historia no juzga discursos sino consecuencias"

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo (d), durante una sesión de control al Gobierno.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo (d), durante una sesión de control al Gobierno. / Eduardo Parra / Europa Press

Señor presidente del Gobierno, don Pedro Sánchez Pérez-Castejón: Le escribo, no como militante ni adversaria, sino como ciudadana que aún cree -quizá ingenuamente- en la verdad. No por notoriedad, sino porque el silencio en ciertos momentos se convierte en complicidad. Usted ha demostrado una notable capacidad de supervivencia política, construyendo mayorías y relatos eficaces.

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Pero esa habilidad proyecta hoy una sombra: desgaste institucional, confusión entre interés público y conveniencia partidista y una creciente distancia entre realidad y discurso. No ignoro que todo poder se protege, pero una cosa es defenderse y otra deformar la realidad. Y ahí, su gobierno ha cruzado una línea inquietante.

Yo acuso. Acuso la banalización de la verdad, convertida en herramienta política. Acuso la subordinación de las instituciones a la lógica de partido. Acuso la polarización deliberada que convierte al discrepante en enemigo. Acuso el uso instrumental de la ley, vaciando su espíritu. Acuso la descalificación de la crítica como forma de evitar el debate. Acuso, en definitiva, una pedagogía del cinismo: la idea de que todo vale.

Lo que está en juego no es solo un gobierno, sino la calidad de nuestra convivencia democrática. Las crisis no nacen de grandes errores, sino de pequeñas renuncias acumuladas. No le atribuyo grandes conspiraciones, sino algo más verosímil: la normalización de prácticas que vacían de sentido palabras como verdad o responsabilidad. La historia no juzga discursos sino consecuencias. No espero convencerle, pero sí dejar constancia de que algunos aún creemos que la verdad importa y que el poder debe rendir cuentas.

Atentamente,

Una ciudadana que aún no ha renunciado a dudar.

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