30 mar 2020

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"Parte de la población no ve el lastre franquista que le queda por soltar"

Miguel Fernández-Palacios Gordon

Bandera franquista el 20 de noviembre en el Valle de los Caídos.

Bandera franquista el 20 de noviembre en el Valle de los Caídos. / Susana Vera (Reuters)

La dictadura de Franco fue férrea y unipersonal. Cuatro decenios de feroz autocracia autárquica lograron que sus tentáculos se infiltraran en ámbitos existenciales y desataran un eterno vendaval de retroceso intelectual.

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Nacida la incipiente democracia, militares golpistas, policía represora, jueces ejecutores de leyes antidemocráticas y ministros franquistas cambiaron de chaqueta, ocuparon destinos estratégicos en empresas públicas o simplemente conservaron sus cargos.

Así, la ideología retrógrada caló en toda la sociedad y se ancló en el subconsciente colectivo. Décadas después de su muerte, aún nos vigila desde su gélida tumba con tanto vigor que su legado, heredado de padres a hijos, da vueltas perdido entre circunvoluciones y surcos cerebrales.

Por eso, una gran parte de la población no advierte el lastre franquista que aún le queda por soltar y asume con naturalidad actitudes y discursos que, en democracias avanzadas, fundirían los plomos de cualquier cerebro sano.

Subsanémoslo. Ya es hora.

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