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"La nueva normalidad huele a lo de siempre"

Dos hombres juegan al voleibol en la playa del Bogotell el día de la presentación del protocolo para el control del aforo de playas.

Dos hombres juegan al voleibol en la playa del Bogotell el día de la presentación del protocolo para el control del aforo de playas. / David Zorrakino

Luisa Galindo Garzón

Esperábamos que el mundo cambiase después de la pandemia. Y no entendimos que quienes tenían que cambiar éramos las personas. La “nueva normalidad”, decían algunos. Como si al salir a la calle esperasen que un nuevo sol alumbrase sus calles y que el mundo girase en otro sentido. Como si de pronto, al detener el tiempo, hubiésemos sido engullidos por un agujero negro que nos transportase a otra realidad. Un mundo de luz y color; tal vez, un mundo feliz.

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Pero, sorpresa: la realidad somos nosotros. El mundo no va a cambiar de forma espontánea, ni van a empezar a brotar habas mágicas de los árboles de la plaza, ni va a dejar de haber injusticias, ni el agua se va a convertir en vino, ni a cesar los atascos, ni las bolsas de plástico, ni los envíos de Amazon.

Esperábamos salir a un mundo mejor como animal enjaulado, visualizando el momento de echar a correr con los brazos abiertos a un mundo de posibilidades. Y aquí estamos, viendo que la nueva normalidad se convierte en la normalidad de siempre.

Y ojalá que no todo, y ojalá que no todos.

Y aunque la nueva normalidad huela a lo de siempre, quizá muchos han cambiado un poco, que ya es bastante.

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