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"Es necesario redactar planes educativos, pero es prioritario valorar a los trabajadores del sector"

Pruebas de selectividad en la Universitat de Lleida, en el 2020.

Pruebas de selectividad en la Universitat de Lleida, en el 2020. / JORDI V. POU

Miriam Sivianes Mendia

En estas semanas de selectividad, creo que es un buen momento para traer a colación la necesidad de un Pacto de Estado por la educación, un acuerdo de mínimos en el que las etapas obligatorias y postobligatorias no se vean sumidas en las mareas de cada cambio de gobierno, en la que la Filosofía y la Ética no tengan que reivindicar el lugar que les debe pertenecer en una sociedad que aspira a formar a ciudadanos y ciudadanas libres, sobre todo de pensamiento.

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Para cambiar la educación, no hace falta solo sentarse y hablar sobre el programa, las competencias y el currículum, mirar más allá y valorar a los miles de profesionales que, desde la guardería hasta la universidad, nos forman y acompañan, lo hacen en un mundo donde la familia extensa se diluye y reina el individualismo y la familia nuclear, y se convierten estos docentes en red de apoyo indispensable para el desarrollo físico, mental y emocional de todos nosotros. Es decir, es necesario redactar planes educativos, pero valorar, en la más amplia concepción del verbo, a los trabajadores del sector tal y como se merecen también es prioritario.

Deberíamos trabajar por un Pacto por la Educación en el que las lenguas cooficiales sean punto de encuentro y riqueza. Construyamos un programa en el que tenga cabida la fusión de las Humanidades, con Arte, con Ciencia y Tecnología a criterio también de los intereses del alumno, pues el saber no es un compartimento estanco ¡seamos ambiciosos con el futuro! Puestos a soñar, soñemos con un sistema en el que se acerque la Ciencia y la Investigación a los alumnos en todas las etapas, en el que las Artes no sean denostadas y en el que la Lengua y la cultura grecolatina no sean materia residual.

Ojalá seamos capaces de encontrar unos mínimos comunes que den estabilidad a nuestro sistema educativo y que lo mejoren a la larga. La educación no es un arma arrojadiza para tirarse a la cabeza. Es la herramienta con la que cambiar la realidad.

Mucha suerte con los exámenes, en especial a Duna.

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