26 sep 2020

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Nacional populismo: el bipartidismo ha flirteado siempre con los extremos

Alejandro de Gregorio-Rocasolano

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso, en una rueda de prensa.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso, en una rueda de prensa. / DAVID CASTRO

El nacional populismo se encuentra en auge en toda Europa, deambula en la frontera del fascismo excluyendo el termino dictadura de su oratoria. En muchos casos, se le denomina como extrema derecha, intentando entrar en las instituciones proponiendo leyes u ordenanzas a su peculiar gusto, así como económicamente desde el paraguas de "con nosotros todo se distribuirá mejor". Tiene una perspectiva que baila desde lo neoliberal hasta el nacional socialismo e intenta seducir a las clases más perjudicadas con la mejor distribución de la riqueza.

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Muchas veces está bautizado con nombres seductores como Amanecer dorado en Grecia, Verdaderos finlandeses en Finlandia, Partido de la libertad en Holanda, VOX en España, etcétera. En general, les une el ser euroescépticos, nacionalistas y xenófobos (islamófobos la mayoría), además de buscar sociedades multiculturales, no interculturales, o señalar de manera clara al diferente.

En varios países y regiones de Europa se han constituido ya como fuerzas parlamentarias, han salido del armario propiciados por el descontento general, la pérdida de poder adquisitivo, la desigualdad estructural tras la crisis y la casi quiebra del sistema financiero. Estos fenómenos, en su ideario apoyados en la mala distribución de la riqueza, buscan responsables. En muchos casos son los emigrantes y refugiados, y no nuestros propios vecinos.

En periodo de elecciones, se han virilizado una serie de videos de contenido xenófobo en muchas direcciones, videos que juegan con las imágenes y la epístola segregista, creando una realidad falsa sobre un territorio o sus habitantes, videos que insinúan "él sin ellos viviríamos mejor", videos en que las tradiciones y la cultura propia parecen amenazadas por la interculturalidad y buscan el enfrentamiento a partir del la presentación de una multiculturidad básica.

El sentir del nacional populismo es el germen que se ha mantenido de los viejos fascismos y dictaduras del siglo XX. Este se refugiaba y refugia en algunos casos bajo el abrigo de las derechas amplias. El bipartidismo ha flirteado siempre con los extremos para absorber el máximo de simpatizantes; otros posibles seguidores se han preservado y preservan escondidos sin encontrar su sitio hasta que aparece su opción. 

Por ello creo que es mejor que emerjan y sitúen sus preferencias en los tableros políticos antes de que se infiltren en otras opciones, siempre teniendo en cuenta que la línea que separa la democracia y el fascismo es muy frágil al hablar de nacionalismos y de la defensa de las identidades. Es fácil referirnos a las que parece que amenazan, se puede caer de manera muy fácil en segregar a la población disconforme, hacer una defensa de lo propio supeditado al odio de lo ajeno y utilizarlo como la herramienta de adoctrinamiento y de justificación de un epistolario que, por mucha falta de violencia, sí contenga rasgos claros de xenofobia.

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