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"Los miserables: hablar de vulnerabilidad no es fácil"

Una sintecho duerme en la Barcelona en 2019,

Una sintecho duerme en la Barcelona en 2019, / ALBERT BERTRAN

Hablar de vulnerabilidad no es fácil, contempla diversas posibilidades: un ser herido, un sistema artificial dañado, una reclamación de derechos, las consecuencias de una catástrofe ambiental…, ya sea por fragilidad propia o algo motivado por la política, la economía, o por pertenecer a un grupo o a un género determinado.

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La tendencia actual es el individualismo, la autonomía y la independencia. El imaginario neoliberal de un sujeto libre, sano, responsable y emprendedor deja en segundo plano a personas mal asalariadas y desvalidas, y aunque unas y otras se resientan de las injusticias, las hay de rango inferior, como denunciaba Víctor Hugo. Límites simbólicos que confunden la noción del bien bajo el cumplimiento de normas.

Cuando el interés general se desapega de lo público, se amplía la privatización para disfrute de una élite y su séquito de allegados y familiares; se deshumaniza el sistema con sed de sacrificios contra quien viola la ley. El envilecimiento procura víctimas, unas son ciertas y otras creadas para beneficio de otros.

Catalunya es la autonomía que menos gasto social ha promovido, junto con Madrid, sin responsabilizar a bancos y grandes corporaciones, acusando a las capas frágiles de pasividad y abuso de las prestaciones administrativas. Cuando la debilidad se conjuga con las estructuras formales, es muy feo instrumentalizarla camuflando los términos con gramáticas pérfidas. No reconocer al otro, como dice Richard Sennett, es una falta de respeto. Hay que cuidar la aceptación, vigilar muy de cerca la espontánea, voluntarista y propagandística, porque visibilizar no es sencillo, es un acto honesto hacia el bien común.

La libertad que algunos enarbolan o reclaman no tiene nada que ver con los 'anómalos', los que no llegan a final de semana, que solo usan una libertad negativa, como apunta Axel Honneth. Solo desplazándose a los lugares de incertidumbre se puede comprender el presente, decía el gran Robert Castel.

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