08 jul 2020

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"Mi amada Barcelona, ¿qué te están haciendo?"

Elisabet Sanchez Jimenez

Un manifestante levanta los brazos junto a una hoguera durante la sexta noche de disturbios en Barcelona, este sábado en la plaza de Urquinaona.

Un manifestante levanta los brazos junto a una hoguera durante la sexta noche de disturbios en Barcelona, este sábado en la plaza de Urquinaona. / DAVID ZORRAKINO

Mi querida Barcelona, ¿cuánto daño te estamos haciendo? Mi perla preciosa, ¿dónde estás? Mi ciudad maravillosa, la más bonita, la más libre, la que tenía más luz. Desde que me acuerdo, hemos convivido todos juntos y hemos sido un punto de referencia por ser un pequeño reducto cosmopolita en un país que estaba luchando por dejar atrás una dictadura. 

Hemos vivido tantas cosas, tantas, tantas. Nos creímos la eterna milonga de que España nos robaba, y cuando de repente creces, sales, conoces otras ciudades, otros países, te das cuenta de que Barcelona sigue siendo la mejor, la más bonita, la más maravillosa, sobre todo porque es mi ciudad, la ciudad que amo, pero que los ladrones no los tenemos fuera, los tenemos dentro.

No sé en qué momento todo cambió. No lo sé. No sé en qué momento dejo de hablarme una vecina, ni cuándo la madre de 'x' me retiró el saludo. No sé en qué momento sentí cierta antipatía hacia el dependiente de un supermercado en el que solo se habla catalán, y en el que por cierto, no hay ningún trabajador sudamericano, indio, árabe.

No sé cuándo ha ocurrido todo eso, pero sé que mi ciudad, mi maravillosa ciudad, está hundiéndose gracias a los que dicen que tanto la aman. Sé que la crispación que hay hoy en día entre nosotros no la había conocido jamás y sé que tengo que callar pero que no quiero, no quiero callarme, no quiero resignarme a perder la grandiosidad de mi Barcelona, abierta al mundo, a la diversificación, a la pluralidad.

Seguramente, volverán a arder contenedores (que por cierto, hemos de pagar entre todos), y el ruido de los helicópteros volverá a formar parte de la noche, igual que las sirenas, y me volverán a caer lágrimas, y mi corazón estará triste, como lo estará el corazón de la inmensa mayoría catalana, a la que estos actos no nos representan.

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