Meter la mano o la pata en el tema de la corrupción

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en el Congreso de los Diputados.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en el Congreso de los Diputados. / AGUSTÍN CATALÁN

Mario Martín

Mario Martín

Hay ciertas frases, sobre obviedades, que se han hecho famosas a lo largo del tiempo, como la enunciada por Vujadin Boskov, entrenador futbolístico de los años 70 cuando dijo aquello de que fútbol es fútbol. Tan obvias podrían ser otras similares como la vida es la vida o corrupción es corrupción. Sin embargo, la negociación política mantenida entre el Partido Popular y Ciudadanos para que esta última formación apoye la investidura de Mariano Rajoy ha situado el ámbito de la corrupción no en la exigencia de responsabilidades por parte del Ciudadanos, y su mantra regenerador, sino en la redefinición del concepto de corrupción que debiera suponer la dimisión inmediata de los imputados por ello, ante el alto número de afectados que integran las filas del PP en todo un ripio creativo. Le puso palabras José Manuel Villegas, al afirmar que, hablando de corrupción, "no es lo mismo meter la mano que meter la pata".

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Según esta nueva definición,  para facilitar el pacto, el corrupto seria aquel al que se pilla llevándose dinero para si o para su partido político, dejando fuera de foco situaciones como la malversación de caudales públicos, la prevaricación o el cohecho. Desde la reflexión hecha, es inevitable recordar a Groucho Marx, cuando dijo: "Estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros".

Según lo defendido ahora por los representantes de Ciudadanos, los casos de Manuel Chaves o José Antonio Griñán, no deberían haber sido obligados a dimitir por los delitos por los que fueron imputados (prevaricación administrativa o malversación de caudales), tampoco Lucía Fígar o Salvador Victoria (contratación irregular), incluso Jaume Matas a pesar de haber sido condenado a prisión (tráfico de influencias, prevaricación y malversación), además de Jordi Pujol, acusado hasta ahora de blanqueo de capitales, pero es que incluso con la creativa redefinición del concepto acuñado dentro de este acuerdo, tampoco sería forzado a dimitir Jose Luis Baltar pese a estar imputado por, su nada ejemplar práctica de, haber ofrecido un puesto de trabajo, en el organismo público que dirige, a cambio de sexo. Relato de situaciones que también incluye a quien dirigió el comité negociador del PP en este pacto, Fernando Martinez Maillo, imputado por la concesión irregular de unos créditos al presidente de Caja España, siendo aquel miembro de su consejo de administración.

Lo que toca con la corrupción es perseguirla y desterrar de la vida pública a sus responsables, y no redefinir los limites de la misma en función de las personas que puedan estar marcadas por ella, sin olvidar que a estas alturas del año 2016, Mariano Rajoy defiend esu candidatura a la investidura a la presidencia del Gobiernodesde las filas de un partido político que está imputado judicialmente, y que ha tenido que depositar una fianza de 1,2 millones de euros en relación al pago con dinero negro de la reforma de su sede, habiendo sido considerado como participe a titulo lucrativo dentro de la trama Gürtel y también procesado por destrucción de pruebas en relación a los ordenadores de su su extesorero Luis Bárcenas. Todo ello en el tiempo en el que el actual presidente del Gobierno en funciones ha dirigido esa formación política, como su máximo líder en los últimos 12 años, lo que le debería llevar a asumir responsabilitates más allá de lo que se haya metido sea la mano o la pata.

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