Macromatadero en Binéfar: Crónica de una muerte anunciada (la del planeta)

Imagen de archivo de un veterinario en una granja de cerdos en Catalunya.

Imagen de archivo de un veterinario en una granja de cerdos en Catalunya. / El Periódico (Archivo)

Xavier Martí Valles

Vivimos en un país de "fiesta y siesta", de "pan y toros", de "fútbol y reggaetón", de "butifarrades y castells"; vivimos voluntariamente ajenos a la realidad, casi totalmente concentrados en nuestros problemas, preocupaciones y necesidades, anhelando la felicidad en nuestro pequeño 'matrix' cotidiano.

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Mientras todo esto sucede, a pocos kilómetros de Catalunya, en la pequeña localidad de Binéfar (Huesca), se está poniendo en funcionamiento el que va a ser el mayor matadero de Europa, en el cual se va a dar muerte diariamente a más de 30.000 cerdos. Además del terrible dolor y sufrimiento que se va a causar a estos animales, recordemos que son seres con capacidad de sentir, esta actividad, conjuntamente con las granjas intensivas que los criarán, va a causar un terrible impacto medioambiental por contaminación de suelos y acuíferos, emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y gran consumo de agua y energía.

Todo esto va a suceder gracias a la pasividad de la población, pero sobre todo gracias a la complicidad de unos gobernantes totalmente sumisos a los intereses empresariales cortoplacistas e inmorales, y que con este proceder evidencian una vez más lo alejados que están de los problemas reales de la población y lo poco que les importa nuestro futuro como sociedad.

Tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta muerte, no salen gratis. Nuestro egocentrismo, nuestro afán de poder, nuestra falta de empatía y solidaridad y nuestra estupidez no van a quedar impunes. De hecho, nuestro planeta ya lo está pagando, al igual que los animales que en él vivimos. Pero serán nuestras hijas e hijos los que paguen con creces  por nuestros actos de hoy.

Debemos despertar de una vez de nuestro letargo antropocéntrico y darnos cuenta de que el planeta nos está dando serias y evidentes señales de que no estamos haciendo las cosas bien, de que detrás de cada cifra en las frías e inhumanas estadísticas de los mataderos había un ser vivo con capacidad de sentir que no quería morir. Asimismo es vital e improrrogable que nos demos cuenta de que no tenemos un planeta B.

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